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Temor a la muerte

Temor a la muerte

Columnas lunes 02 de marzo de 2020 -

En la memoria de la humanidad ha quedado grabada la devastación de grandes pandemias que marcaron la historia. Pensemos en la “peste negra” que durante el siglo XIV mató en Europa a 75 millones de personas. Otra más reciente fue la “gripa española”, que entre 1918 y 1920 mató entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo. Hoy el miedo se empieza a hacer palpable en el planeta por la epidemia del “coronavirus”, iniciado en China, que empieza a extenderse por Europa, Medio Oriente y varios países más, provocando 
cientos de muertos.
Una enfermedad que se propaga más allá de las fronteras nacionales, es considerada una pandemia, provoca una gran cantidad de muertes debido a la falta de preparación para contenerla y de medidas preventivas para evitar el contagio. El coronavirus ha empezado a causar gran alarma. Si la información lleva a la prevención está bien que se tomen las medidas necesarias, pero se corre el riesgo de que se convierta en una verdadera crisis social que afectará a todo el planeta.
Una pandemia de este tipo, nos hace pensar en nuestra fragilidad, por muchos avances tecnológicos y científicos que ha alcanzado la humanidad, basta el surgimiento de una bacteria o un virus desconocido para matar a millones de personas y poner en jaque al sistema mundial. La fortaleza humana es muy grande, aún mayor es su fragilidad, lo que nos debería llevar a asumir una actitud de humildad y despertar nuestro sentido religioso, nuestra vida es frágil y efímera, es, dice la Biblia como un “soplo”, o “como la yerba del campo que por la maña crece y por la tarde se marchita”; debemos levantar la mirada hacia lo alto, pues si bien, nuestra vida en esta tierra es frágil y efímera, nuestra alma es inmortal, creada por Dios y su destino final debe ser él. Estamos llamados a la sobriedad, a la piedad y a la vigilancia: “estén preparados —nos dice Jesús—, porque nadie sabe el día y la hora.
El creyente católico tiene claro que hay algo peor que el coronavirus y la muerte que causa, esa es la muerte del alma, a esa si le debemos tener pánico; si tomamos precauciones para evitar una epidemia, cuanto más deberíamos tomar medidas para evitar el pecado que es lo que mata la vida de Dios en nuestra alma; por lo que, en este tiempo de cuaresma que acabamos de iniciar el miércoles pasado, debemos ver una oportunidad para reconocer nuestra pequeñez y fragilidad, para acudir al auxilio de Dios, reconciliarnos con él y con nuestros hermanos, pues como dice el profeta Joel: “Todavía es tiempo —dice el Señor— arrepiéntanse y vuelvan a él de todo corazón”.


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/CR

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