El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pronunció un discurso contundente en la Asamblea General de la ONU, donde criticó severamente las políticas migratorias de Europa y la postura de la organización internacional. Durante su intervención, afirmó que “sus países van al infierno” debido a la inmigración descontrolada, calificando la apertura de fronteras como un “experimento fallido”. Instó a los líderes mundiales a cerrar sus fronteras y expulsar a los extranjeros, acusando a la ONU de promover una “agenda globalista de migración” que socava la soberanía nacional.
Trump también atacó las políticas de energía renovable, calificando el cambio climático como un “engaño” y las iniciativas verdes como “suicidas”. Defendió el uso de combustibles fósiles y afirmó que las políticas energéticas tradicionales son esenciales para la grandeza nacional. Además, propuso imponer aranceles a Rusia si los países europeos no cesan las importaciones de energía rusa. En cuanto a la guerra en Ucrania, advirtió que si Rusia no pone fin a la invasión, Estados Unidos impondrá “una ronda fuerte de poderosos aranceles”.
El discurso de Trump marcó un claro distanciamiento de la cooperación global, enfatizando el interés nacional sobre la acción colectiva internacional. Su intervención fue recibida en su mayoría en silencio, en contraste con discursos anteriores que habían generado risas. El secretario general de la ONU, António Guterres, respondió a los recortes de fondos de Estados Unidos advirtiendo sobre su impacto devastador. La administración Trump ha suspendido mil millones de dólares en contribuciones a la ONU y está revisando la ayuda restante, lo que genera incertidumbre sobre las relaciones entre Estados Unidos y la organización internacional.