Si eres joven y acabas de cumplir 18 años, seguramente te preguntas: ¿para qué votar? Te cuestionas incluso, si quieres sacar tu INE para votar en estas elecciones que vienen. Esta mentalidad de “no voy a votar, no va a pasar nada” es completamente errónea, ya que hacerse escuchar y participar en las elecciones es el alma de la democracia en nuestro país.
Desde chiquitos nos han dicho que somos el futuro de México, pero no nos dijeron cómo moldear ese futuro. Votar es una de las herramientas indispensables para cambiar nuestro país, pues es la manera en que nos hacemos escuchar. Pero ¿qué órgano se encarga de organizar las elecciones? Este es el trabajo del INE.
Actualmente, el INE es el órgano autónomo encargado de estas funciones; sin embargo, no siempre fue así. Antes del INE, el gobierno era quien organizaba las elecciones con la CFE (Comisión Federal Electoral) creada en 1946 y dirigida por la Secretaría de Gobernación.
Además de ser dirigida por el gobierno, no era permanente, puesto que sólo se reunía en temporada electoral. A todos estos antecedentes y a la dudosa transparencia electoral, se le sumó una crisis política muy fuerte en el país: el fraude de 1988. Se alegaba que al candidato del Frente Democrático Nacional, Cuauhtémoc Cárdenas, se le había robado la elección para favorecer al candidato del PRI, Carlos Salinas de Gortari. Esto causó tanta molestia en la sociedad que se tuvo que reformar la constitución y crear el Instituto Federal Electoral (IFE), para que hubiera mayor transparencia en las futuras elecciones.
Este instituto inició sus actividades el 11 de octubre de 1990; no obstante, las elecciones todavía no se libraban de la influencia del gobierno, puesto que el presidente de este órgano seguía siendo el Secretario de Gobernación, lo que significaba que el presidente de la República seguía influyendo en las elecciones.
Fue hasta 1996 que una nueva reforma hizo verdaderamente autónomo al IFE, librándolo así del gobierno. José Woldenberg fue el primer Consejero Presidente de la nueva institución. 18 años más tarde, en el 2014, se llevó a cabo otra reforma que transformó al IFE en el Instituto Nacional Electoral (INE). Desde entonces, el consejero presidente es Lorenzo Córdova.
El INE garantiza no sólo nuestro derecho al voto, sino que los resultados sean creíbles y confiables, porque el proceso cuenta con reglas claras, participación de los ciudadanos y de los partidos y la constitución le ordena a esta institución ser imparcial, profesional, independiente y transparente. Es una institución que vigila el cumplimiento de la ley y sanciona a quien la viola. Es digna de confianza porque ya ha demostrado que no permite fraudes y que hace bien las elecciones. Tiene, además, gran reconocimiento en todo el mundo. Muchos países vienen a México a aprender cómo hace las cosas el INE por su seriedad. Además, la credencial para votar, nuestra INE, es segura e infalsificable y todo mundo la reconoce como documento oficial de identidad.
En nuestro país, el voto es universal; todas las personas mayores de 18 años pueden votar. Recientemente se les ha otorgado el voto a aquellas personas en prisión preventiva y, además, los partidos deben postular candidatas y candidatos de la comunidad afromexicana, de la diversidad sexual, pertenecientes a pueblos indígenas y de personas con discapacidad, así como mexicanos que viven en el extranjero.
De igual manera, el voto es secreto, nadie tiene el derecho a decirte o a preguntarte por quién votaste. El INE imprime las boletas en papel seguridad, y provee todo el material necesario para las elecciones, como las actas y las urnas. Además, el padrón electoral siempre está actualizado. Los funcionarios de casilla resultan de un doble sorteo y generalmente son nuestros vecinos, lo que hace que nuestras elecciones sean claramente ciudadanas. Son escogidos al azar por la letra de su apellido y por el mes de nacimiento; después son capacitados y el domingo de la elección cuentan los votos frente a los partidos y llenan un acta en donde se registran los resultados, que se dan a conocer ese mismo día.
Del otro lado de este procedimiento, están los votantes. Al llegar a la casilla electoral, presentan su credencial para votar. Los funcionarios de la casilla la verifican para asegurar que el ciudadano se encuentre inscrito en el padrón. Se les dan las boletas y se dirigen a su mampara, donde votan en privado y las depositan en urnas transparentes. Por último, a cada votante se le marca la credencial y se le mancha el pulgar con tinta indeleble para asegurar que nadie vote dos veces.
Espero que conociendo la historia, función y los procesos del INE, te animes a votar este próximo 6 de junio. Faltan menos de 90 días para las elecciones más grandes en la historia de nuestro país: se elegirán más de 20 mil puestos de elección popular y 94 millones de votantes podrán salir a votar ese día tan importante para nuestro país.
Nosotros, los jóvenes, no solo somos el futuro de México, también somos su presente. Lo que pase en esta elección está en nuestras manos. Si nuestro candidato o candidata pierde, no pasa nada porque así es la democracia: se pierde o se gana (a veces por un solo voto) y la idea es no dejar de participar, porque sólo así sobrevive nuestra sociedad.
Te invito a que, si puedes votar, lo hagas, pues es nuestro turno de participar en la democracia del país. No olvidemos que votar, además de un derecho, es un deber. No lo desperdiciemos.
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