Por José García Sánchez
Estamos convencidos que el país cambia, aunque no falta quienes, atados al pasado, crean que todo sigue igual, que siempre es lo mismo, sobre todo tratándose de política.
La historia no se repite a pesar de los conservadores que tienen siglos intentándolo. Lo que sucede que, al no entender los cambios, la mecánica mental de quienes están acostumbrados a una realidad más o menos similar, percepción basada, principalmente en imágenes, prefiere encontrar semejanzas con el pasado en lugar de ver novedades en el presente.
Su incapacidad por ver otra realidad diferente a la que están acostumbrados les remite a pensar, incluso llegan a creérselo, que todo sigue igual. La cotidianeidad es explicada todos los días a través de su percepción, la conciencia tiene como punto de partida, plataforma de despegue y puerta de entrada a los sentidos.
Los sentidos van más allá de los noticieros de televisión, basados en imágenes, explicadas hasta la obviedad, recalcando lo inexistente y distorsionando lo que ven los ojos de los espectadores. Lo que en realidad no existe es la intención de que el espectador se dé cuenta y que éste extravíe la intención de informarse.
Esta apatía es aprovechada por quienes en realidad conducen los medios electrónicos, es decir, los aparatos convencionales de comunicación, que no difunden el producto de las decisiones de la población. Se remiten a transmitir las decisiones de las élites. Los intereses ocultos de quienes intentan que anda cambie, quienes, a veces logran que la gente piense que todo sigue igual. Que es lo mismo siempre.
Los medios convencionales no acostumbran reflejar la realidad de México, es por ello que ahora niegan espacios a los eventos, decisiones, obras y proyectos de la actual administración pública, espacios que antes eran contenidos de primeras planas y con los que abrían los noticieros de televisión. Las actividades del gobierno actual no tienen cabida en los medios convencionales, tratando de conservar la vieja idea de que lo que no aparece en sus transmisiones simplemente no existe.
La esencia de la antigua información en México tenía que ver casualidad inexplicable de hechos aislados y no con la causalidad del desarrollo de la realidad, con causa y efecto, es decir con desenvolvimiento lógico, y es ahí donde se construye el receptor simplista, conformista, apático que renuncia a todo cambio pensando que las cosas suceden porque deben suceder.
La apatía de una parte de la sociedad es tan común en las transformaciones sociales que se han convertido en una prueba de que hay cambios.
Su ubicación en determinados segmentos de la población muestra la parte menos dinámica de las sociedades en desarrollo, es decir, que tienen un destino social y eso es lo que quieren evitar algunos medios tergiversando no sólo la realidad sino manipulando los sentidos.