Cerramos la tercera semana de enero de 2022 con la visita a México de la secretaría de energía de Estados Unidos, Jennifer M. Granholm.
Nuestras naciones hermanas, no podían estar más cerca como en estos momentos de definiciones geopolíticas. Desde el año pasado nuestro presidente, anunció el Plan México, que promueve la integración económica de América del Norte, Latinoamérica y el Caribe.
Hasta ahora, las naciones que conforman el T-MEC han creado las mesas de trabajo para construir una visión a futuro respetando la soberanía, la autodeterminación de los pueblos y el piso parejo en las futuras relaciones de comercio continental.
Sin embargo, la visita de la Secretaría de Energía de Estados Unidos Jennifer M. Granholm, ha creado los cimientos de un horizonte de trabajo colaborativo, respetuoso y de crecimiento para las naciones de nuestro continente.
A través de un diálogo franco y abierto, la secretaría Granholm escuchó los argumentos de los diferentes actores políticos acerca de las impostergables reformas que debemos hacer en el sector eléctrico. Asimismo, nos compartió su visión, sobre las oportunidades de inversión y de crecimiento que proyecta nuestra hermana nación para el sector de energías limpias.
Sin duda, esta reunión ha sido un gran paso para el futuro energético de México. Ya que, en lugar de escuchar los arrebatos coléricos de sociedades extranjeras privadas a través de políticos e intelectuales mexicanos; hemos encontrado un auténtico diálogo con un socio natural, que está dispuesto a realizar inversiones de largo alcance y dimensión social en nuestro país.
No hay que olvidar, que la legislación que defienden los conservadores se basa en contratos leoninos con la Comisión Federal de Electricidad. A partir de las reformas de 2013 y 2014, la CFE financió hasta el 100% de las centrales de generación de energía limpia, y a los 25 años la CFE está obligada a entregar las centrales eléctricas a las sociedades privadas.
Otro de los grandes despojos de la ley que defienden los conservadores son los mecanismos de transferencia de recursos del Estado a empresas privadas, ese el caso de los productores independientes.
El caso más escandaloso es La Venta III de Iberdrola. Se trata de un parque eólico “limpio” que construyó la CFE, y en 25 años será de esa empresa. La falacia con la que se sostienen esos contratos es que la energía eólica es la más barata.
Pero en realidad, La Venta III genera la energía más cara del mercado. Esto se debe a que es una energía intermitente, no genera electricidad las 24 horas del día. De manera que otro tipo de energía debe cubrir los costos de esas 24 horas, y se hace con la energía de las centrales de la CFE.
Al sumar los subsidios de la deuda, los subsidios directos, así como el costo casi nulo de la transmisión de electricidad, la energía limpia de Iberdrola no sólo es la más cara, sino que se sostiene con el dinero del gobierno federal. A todas luces eso no es un negocio privado, es un negocio que ha crecido con el dinero público para hacer más ricos a los ricos.
Por eso, la reforma de 2013 no bajó los costos para los usuarios ni para la federación.
La secretaría Granholm fue receptiva a todos los argumentos y ejemplos que se presentaron.
Contrario a lo que políticos y medios de comunicación conservadores vociferaban en estos días, hay un compromiso de los EUA de respetar la decisión que se tome en el Poder Legislativo acerca de la reforma.
Además, existe un legítimo interés en hacer inversiones directas para realmente impulsar y desarrollar una industria de energía limpia en México y América del Norte. Sin simulación, sin despojos y sin robarle dinero al pueblo de México.