El terraplanismo y los derechos humanos
Imagine usted una posibilidad como la plantean los “terraplanistas” en donde existiera un mundo plano en donde todo aquel que pusiera un pie estuviera al mismo nivel que las y los demás; sabemos por el día y la noche (movimiento de rotación), por la aparición de ciertas estrellas o planetas en distintos momentos y por otros tantos fenómenos científicos que la Tierra no es plana.
Pero si reconocemos el derecho de creencia en el terraplanismo, así como la libertad de pensamiento y de espiritualidad, podemos hallar una forma en que los derechos humanos sí deben de convertir el suelo, piso, terreno de todas y todos en un mismo plano, firme, llamado igualdad sustantiva en todas sus vertientes o artistas.
Una vez que tenemos visualizado y empezamos a construir el piso parejo para todas y todos, se puede hablar en materia de derechos humanos de acciones afirmativas, de construcción de herramientas de accesibilidad, de traducción en lenguaje de señas y de una legua o idioma a otro, entre otras conceptualizaciones que hacen esto posible.
Las organizaciones de naciones a nivel global o a nivel regional, han enfocado sus esfuerzos por enaltecer y engrandecer la dignidad humana y todos aquellos principios y derechos que permiten a cada ser humano vivir en libertad, en igualdad, en paz y en conservar otro de los bienes supremos como lo es la vida. Por medio de tratados, pactos, convenciones, protocolos, cartas, o cualquier otro instrumento jurídico internacional han ido protegiendo para el bien de la humanidad a los derechos y a los sujetos.
En esta columna, he ido planteando lo importante que es que se rompa con todo tipo de estereotipos, prácticas o costumbres tóxicas que no aporten a la meta de alcanzar la igualdad sustantiva, ese terreno plano lleno de las mismas oportunidades para todas y todos. Siguiendo con esa idea hoy quiero plantearle, con la idea del terraplanismo, la posibilidad de una sociedad en donde se recobre el poder del pueblo de donde nace cualquier soberanía, de donde se nombran a los poderes de la unión o lo que alimenta cualquier tipo de poder.
Resulta muy complicado visualizar a cualquier grupo social (llámese gobierno, universidad, trabajo, grupo teológico, entre otros), sin un liderazgo, que en la mayoría de los casos en quien ostenta el poder. De esa persona (o grupo de personas) es sobre la que recae la responsabilidad de ejercer el poder en beneficio de los que no son líderes, siendo una de las maneras más justas de hacerlo, ejerciéndolo con el respeto irrestricto a los derechos humanos de todas y todos.
Si se quiere ejercer el poder y acabar con las injusticias, con los excluidos, con los que menos poder tienen, será por el camino plano de la dignidad humana, porque antes de gobernados, creyentes, trabajadores o marginados, se debe recordar que se haba de personas con derechos humanos universales. ¡Por un poder justo!