Durante décadas se pensó que beber una copa de vino al día podía ser “bueno para el corazón”. Pero la ciencia actual ha replanteado esa creencia. Estudios recientes y amplios metaanálisis han demostrado que no existe un nivel de consumo de alcohol completamente seguro para la salud. Aunque su efecto puede variar según la dosis, la frecuencia y las características personales, el alcohol está relacionado con más de 200 enfermedades, incluyendo múltiples tipos de cáncer, enfermedades hepáticas, cardiovasculares, trastornos mentales y daños neurológicos.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el alcohol es responsable de más de 3 millones de muertes cada año en el mundo, lo que representa casi el 6% de todas las muertes globales. Además, el consumo excesivo acorta la vida entre 10 y 15 años en promedio.
A nivel del cuerpo, el alcohol afecta:
El cerebro: alterando la memoria, la coordinación, el juicio y generando dependencia.
El hígado: provocando desde hígado graso hasta cirrosis hepática.
El sistema inmunológico: debilitando las defensas naturales.
El sistema cardiovascular: elevando la presión arterial y el riesgo de arritmias.
El metabolismo: contribuyendo al sobrepeso y a la disfunción pancreática.
¿Y qué hay del “consumo moderado”? Aunque algunos estudios anteriores lo asociaban con cierto beneficio cardiovascular, investigaciones recientes como las publicadas en The Lancet y JAMA Network muestran que esos beneficios han sido sobreestimados y que cualquier reducción de riesgo queda anulada por el aumento en otros riesgos, como el cáncer.
Además, el consumo social o recreativo normaliza una sustancia que puede causar dependencia física, emocional y social. A esto se suman los impactos indirectos: accidentes viales, violencia doméstica, pérdida de productividad y carga económica en los sistemas de salud.
¿La buena noticia? Reducir o eliminar el consumo de alcohol mejora la calidad de vida, la salud mental, el sueño, el rendimiento físico y la función inmunológica. Incluso reducir el consumo a la mitad puede tener efectos positivos casi inmediatos.
Y cuando el cristal es el de la ciencia y la salud pública, lo que se ve con claridad es que vivir sin alcohol o con mucho menos es una decisión que puede cambiar la vida… para bien.
Sin embargo, en la vida como en todo, como bien decía Ramón de Campoamor: “Nada es verdad, nada es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira.”