Recién se anunció la creación de un "grupo de acción inmediata contra la red de traficantes de personas responsables de la tragedia en Chiapas", a petición de Guatemala e integrado por varios países de la región. El mecanismo pretende investigar las circunstancias que llevaron a la muerte de al menos 55 personas al volcarse un camión que transportaba más de 100 migrantes.
El gesto (porque por el momento eso es) importa porque construye de inmediato una narrativa hacia los responsables, no del desplazamiento forzoso en los países centroamericanos, ni de los Estados receptores que hacen cada vez más difícil la migración legal, ni de las autoridades que dejan actuar en sus países, cotidianamente, a los polleros y embaucadores de migrantes. Los únicos responsables son los traficantes de personas, “una red, dicen”, que fueron quienes contribuyeron al tránsito de estas personas en particular, que murieron en el accidente. Desde un punto de vista de cuidado mediático a largo plazo, estas acciones (y la concentración en los traficantes concretos) debería impedir que el incidente se encuadre como parte de las tragedias como San Fernando y Cadereyta, y otras situaciones que exhiben los tratos inhumanos por los que pasan los migrantes en tránsito. Y es que la misma semana, trascendió que la Guardia Nacional mexicana cerró una autopista a la caravana de migrantes.
La posición geopolítica de México es complicada, porque la migración se ha vuelto uno de los temas esenciales de la seguridad nacional. De hecho, en los textos académicos de 1992 y hasta 2001, se aventuraba que ese sería el gran tema social global, pero el ataque a las torres gemelas lo desplazó para colocar en ese lugar la lucha contra el terrorismo Sin embargo, poco a poco se ha abierto paso y parece que ahora sí está destinado a ser uno de los puntos claves de la agenda pública, de desarrollo, de derechos humanos y de seguridad nacional. Será un caso interesante porque la sensibilización es casi imposible. Nosotros mismos tenemos un presidente que repele el uso de la fuerza incluso en operativos militares y policiales de campo, pero no pudo sino endurecer la barrera migratoria so pena de que Estados Unidos nos penalizara comercialmente. Por otra parte, la migración se ha vuelto un tema tan complejo, que toca aspectos como el tráfico de personas, la prostitución infantil, la leva de los cárteles y la xenofobia de todos los que creen que tienen algo que perder (incluyendo a, o empezando por los mexicanos). Bastaría que se preguntaran qué clase de personas están dispuestas a emprender un viaje precario de 5 mil kilómetros sin dinero, comida ni certezas, para tratar de cambiar su futuro. Una pista: no son los delincuentes.
Es realmente complicado articular un plan de apoyo a los migrantes o de atención a las causas originales del desplazamiento, que el presidente ha ido promoviendo, mediante la inversión en sus países de origen, porque los políticos que lo pretenden causan la ira de sus propios ciudadanos.
El tema es el mismo: “¿porqué les das a otros si a nosotros también nos falta?” Y así ni se resuelve nada ni se entiende nada.