¿Se acuerdan de cómo, al inicio de este Gobierno Federal, lo mismo burócratas de diferentes niveles jerárquicos, profesores universitarios unas cuantas décadas desfasadas, fans de hueso colorado del AMLO candidato y los siempre presentes “queda bien”, andaban de arriba para abajo buscando su ejemplar del libro “Economía Moral”? Bueno, al paso del tiempo queda claro que hicieron una muy cuestionable inversión, tanto de dinero como de tiempo, porque a este país le sigue doliendo la conducción de la política económica y la generación de confianza.
¿OTRA VEZ DE MELÓN? Es que algo pasa en ese palacete de estilo renacentista italiano donde se ubica el edificio principal de Banco de México, que el Presidente López Obrador y muchas de sus intentonas topan con pared una y otra vez ahí. Ya quedarán para la historia sus corajes y entripados con el Gobernador del Banco, Alejandro Díaz de León que, ante el calor, ha mostrado temple y se ha abocado a cumplir tanto su mandato constitucional (aunque cascabeleando los últimos meses por crecimientos del INPC que coquetean de fea manera con el 6%) como su normatividad como organismo autónomo.
Y TU… ¿QUIÉN ERES? Lo anterior viene a colación por el muy público, e igualmente innecesario, escarceo entre el Presidente López Obrador y quien por años ha sido uno de sus más constantes y solventes aliados para los temas económicos: Gerardo Esquivel, actual Sub Gobernador del Banco de México. ¿Qué pasó? ¿Cambió alguno de los dos? ¿Hubo “coco-wash”? Definitivamente, no. Lo que cambió fue el entorno y los roles que juega cada quien: Esquivel, opinando desde la trinchera de quien tienen como mandato constitucional velar por el poder adquisitivo del peso mexicano, y el Presidente López Obrador, como un mandatario que de manera cada vez más evidente busca supeditar la economía a la política.
NO ES QUE SEAN AUTÓNOMOS, ES QUE NO OBEDECEN. También en este sentido hay que encuadrar los esfuerzos del Presidente para tratar de infiltrar, cooptar, nulificar, desaparecer o minimizar diferentes organismos autónomos aunque, hasta el momento, topando con pared en el caso del INE y BANXICO. Sin embargo, la colisión me parece inevitable e inminente: unos fueron creados para acotar el poder presidencial y dar certidumbre a los privados (ya sea como electores o actores económicos) y el otro cree que el país funcionó muy bien durante las décadas de las “presidencias imperiales”, a pesar de las crisis que de 1976 a 1994 autogeneramos por decisiones unilaterales de nuestros mandatarios, que hay que regresar a ese México y, de ser posible, profundizarlo.
¿Y LOS AGINALDOS, APÁ? ¡Muy bonitos los funcionarios de todos colores lanzando sus mejores dardos contra el Outsourcing para salir en la foto de esta semana! Ojalá estén todos así de atentos y dispuestos cuando se cuestione: a) ¿qué va a pasar con la gente que ya sin outsourcing no logre contratarse y pase del empleo precarizado al empleo inexistente?; y b) cuando algún gobierno vuelva a tener problemas de liquidez y busque vulnerar derechos irrenunciables de los trabajadores mexicanos, como es el caso del aguinaldo para empleados gubernamentales, ¿ahora sí van a decir esta boca es mía?
¿Quién leyó el T-MEC? Pregunto porque pareciera que los que sí lo hicieron, ya no están en el Gobierno Federal ni en la Cámara Alta. Prácticamente todos los temas espinosos que “brincan” con nuestros vecinos y socios del Norte (nivel de componente local, hidrocarburos, electricidad, ahora los recursos canadienses y norteamericanos interpuestos por las condiciones laborales en México y los que muy probablemente vengan por aspectos medioambientales) están en el Tratado que el Gobierno discutió, negoció, firmó y hasta celebró.