Jaime Arturo Ruiz | @
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- En América Latina y el Caribe, ocupa un lugar que va mucho más allá de la mesa.
- Es parte de la cultura y de los hábitos sociales de la región, pero también constituye una industria con capacidad para movilizar empleo, inversión, comercio y actividad económica a lo largo de una extensa cadena productiva.
En el marco del Día Internacional de la Cerveza, el sector cervecero regional reivindica su peso económico: genera 3.9 millones de empleos, aporta US$88,700 millones al PIB y representa una cadena de valor que se extiende del campo a la gastronomía, el comercio y el turismo.
Con motivo del Día Internacional de la Cerveza, que se celebra el primer viernes de agosto, Cerveceros Latinoamericanos pone el foco en la dimensión económica de un sector que, de acuerdo con un estudio elaborado por Oxford Economics, contribuye con aproximadamente US$88,700 millones al Producto Interno Bruto (PIB) regional y sostiene 3.9 millones de empleos.
La cifra equivale al 1.3% del PIB de América Latina y el Caribe y refleja el efecto multiplicador de una industria cuya actividad no termina en las plantas cerveceras: se extiende hacia proveedores, agricultores, transportistas, distribuidores, restaurantes, bares, hoteles, comercios y otros negocios vinculados con el consumo y la hospitalidad.
> "La cerveza no es solo una bebida; es una cadena de valor que conecta a agricultores, transportistas, comerciantes y millones de familias en América Latina y el Caribe. Hoy celebramos a todas las personas que hacen posible esta industria y el papel que la cerveza desempeña como un símbolo de encuentro, comunidad y celebración en nuestra región”, señaló Tania E. Ramos Beltrán, directora ejecutiva de Cerveceros Latinoamericanos.
Una cadena de valor que trasciende a las cervecerías
El impacto económico del sector permite dimensionar por qué la cerveza se ha consolidado como una actividad relevante dentro del tejido productivo latinoamericano.
El estudio de Oxford Economics, que analiza 21 países de la región, estima que la actividad cervecera sostiene 2 millones de empleos asociados directamente con los cerveceros y su cadena de suministro, mientras que otros 1.9 millones corresponden a actividades de la cadena de valor descendente, como comercio, gastronomía y hospitalidad.
En términos de generación de valor, los productores cerveceros representan alrededor de US$57,500 millones de la contribución total al PIB, mientras que las actividades de la cadena descendente aportan otros US$31,100 millones. Esto evidencia el efecto de arrastre de la industria sobre sectores que, aunque no producen cerveza, dependen de su comercialización y consumo.
La cadena comienza en el campo, con materias primas como cebada y otros insumos agrícolas; continúa con procesos industriales de producción, envasado y distribución, y finalmente llega a consumidores mediante supermercados, tiendas, restaurantes, bares, hoteles y establecimientos turísticos.
Para América Latina y el Caribe, donde las micro, pequeñas y medianas empresas tienen un papel central en la generación de actividad económica, esta interdependencia resulta especialmente relevante. Una mayor demanda de cerveza puede traducirse en actividad para distribuidores, establecimientos de alimentos y bebidas, operadores logísticos y proveedores de servicios.
Un aporte fiscal que también pesa
La relevancia de la industria se refleja asimismo en las finanzas públicas.
De acuerdo con el estudio regional, la cadena cervecera genera alrededor de US$58,900 millones en contribuciones fiscales, incluyendo impuestos asociados directamente con los productores, la cadena descendente y gravámenes sobre las ventas, como el IVA y los impuestos específicos.
El dato coloca al sector como un actor económico con una doble importancia: por un lado, genera empleo y actividad productiva; por otro, contribuye a los ingresos públicos mediante los distintos eslabones de comercialización y consumo.
Desde una perspectiva empresarial, esta capacidad de generar valor a lo largo de múltiples industrias explica por qué el desempeño del mercado cervecero tiene implicaciones que van más allá de los resultados de las compañías productoras.
De México al Cono Sur: una industria con identidad regional
La cerveza también funciona como un punto de encuentro entre mercados con características muy diferentes.
Desde México hasta Argentina y a través del Caribe, la actividad cervecera combina grandes grupos internacionales, productores nacionales, cervecerías independientes y cadenas de distribución que atienden a mercados con hábitos de consumo y tradiciones propias.
México ocupa un lugar particularmente destacado en este mapa. De acuerdo con información difundida por Cerveceros Latinoamericanos, el país es el cuarto mayor productor de cerveza del mundo, con alrededor del 7.2% del volumen global, solo detrás de China, Estados Unidos y Brasil. El sector cervecero mexicano, además, está relacionado con 168 actividades económicas y genera alrededor de 700 mil empleos.
La dimensión regional, sin embargo, no se limita a los grandes mercados. La cerveza también forma parte de ecosistemas empresariales locales en los que pequeños comercios, restaurantes, bares y establecimientos turísticos dependen de la disponibilidad y rotación de productos cerveceros.
La cerveza sin alcohol gana terreno
Mientras el mercado cervecero enfrenta cambios en los hábitos de consumo, una de las categorías que mayor dinamismo ha mostrado es la cerveza sin alcohol.
En 2025, el segmento de cerveza sin alcohol en América Latina registró un crecimiento de 10.4%, por encima del 6.5% observado a escala mundial, de acuerdo con las cifras citadas por Cerveceros Latinoamericanos.
La tendencia se inserta en una transformación más amplia de las preferencias del consumidor. El mercado internacional está ampliando su oferta de bebidas con bajo o nulo contenido alcohólico, impulsado por consumidores interesados en alternativas que puedan integrarse a distintos momentos y estilos de vida.
Los estudios de mercado también identifican a América Latina como una de las regiones con perspectivas favorables para esta categoría. Un análisis de 6Wresearch estima que el mercado latinoamericano de cerveza sin alcohol podría crecer a una tasa anual compuesta cercana al 10.5% entre 2025 y 2031, impulsado por cambios en las preferencias, mayor interés por el bienestar y una oferta más amplia de productos.
Para las compañías cerveceras, esta evolución abre un espacio de innovación que va desde nuevas formulaciones y procesos productivos hasta estrategias de distribución y posicionamiento dirigidas a consumidores que buscan mantener la experiencia social de la cerveza sin consumir alcohol.
Innovación y nuevas ocasiones de consumo
La transformación del mercado también está modificando la manera en que las empresas entienden las ocasiones de consumo.
La expansión de las cervezas sin alcohol y de bajo contenido alcohólico permite a las marcas competir por momentos que tradicionalmente estaban fuera de su alcance: comidas laborales, actividades deportivas, reuniones diurnas o situaciones en las que el consumidor debe conducir.
Más que sustituir completamente a la cerveza tradicional, estas categorías amplían el portafolio y permiten atender una mayor diversidad de preferencias.
Para una industria caracterizada históricamente por marcas masivas y productos altamente reconocibles, el reto consiste ahora en combinar escala con innovación y mantener la relevancia cultural de la cerveza mientras cambian las expectativas del consumidor.
Un sector que busca crecer con responsabilidad
El crecimiento de la industria también plantea desafíos. La sostenibilidad de la cadena de suministro, la eficiencia en el uso de agua y energía, el manejo de envases, la logística y la promoción del consumo responsable forman parte de una agenda cada vez más relevante para las empresas del sector.
En este contexto, la industria busca posicionarse no solo como un motor económico, sino como un actor capaz de responder a las nuevas demandas sociales y ambientales.
La celebración del Día Internacional de la Cerveza ofrece, por ello, una oportunidad para mirar más allá del producto terminado. Detrás de cada botella, lata o cerveza servida existe una cadena que involucra agricultura, manufactura, transporte, comercio, restaurantes, hoteles y millones de trabajadores.
Una industria que conecta economía y cultura
Los números ayudan a dimensionar el peso empresarial de la cerveza en América Latina y el Caribe: US$88,700 millones de contribución al PIB, 3.9 millones de empleos y cerca de US$58,900 millones en aportaciones fiscales, según el estudio regional de Oxford Economics.
Pero su importancia también se explica por factores menos cuantificables. La cerveza está asociada con tradiciones locales, gastronomía, encuentros familiares, celebraciones y experiencias turísticas. Esa combinación de valor económico e identidad cultural ha permitido que el sector mantenga una posición relevante mientras adapta sus productos y estrategias a las nuevas generaciones de consumidores.
En 2026, Cerveceros Latinoamericanos reunió en Panamá a representantes de la industria de 24 países durante CervezaConnect, reforzando la visión de una industria que busca mayor integración regional y que mantiene como ejes la innovación, la sostenibilidad y el desarrollo económico.
Así, el Día Internacional de la Cerveza no solo representa una fecha para celebrar una de las bebidas más populares del mundo. Para América Latina y el Caribe, también es una ocasión para reconocer una industria que conecta al campo con las ciudades, a las grandes compañías con miles de pequeños negocios y a la producción con sectores estratégicos como el turismo y la hospitalidad.
El desafío hacia adelante será mantener esa capacidad de generar valor mientras evolucionan las preferencias de los consumidores, se intensifican las exigencias ambientales y aumenta la competencia por nuevos momentos de consumo. En ese escenario, la cerveza seguirá siendo una industria de tradición, pero también de transformación.