Los mercados esperan que la Fed baje su tasa de interés entre junio y julio del próximo año, un buen dato por un lado pero por el otro la prueba irrefutable de que la tarea del banco central estadounidense no ha terminado.
Sobre todo, cuando el bono estadounidense toca nuevo máximo anual en rentabilidad en el 4.47%, niveles no vistos en los últimos 16 años.
Sucede que los inversores están ajustando sus expectativas de tipos de interés después de la reunión de la Reserva Federal estadounidense de esta semana.
La mayor parte de miembros de la Fed siguen convencidos de la necesidad de llevar a cabo una última subida de tipos este año, de realizarse dicho movimiento la tasa terminal de la Fed en esta escalada se ubicaría en un rango de entre 5.5% y 5.75%, por lo que los mercados han reaccionado con ventas de bonos, confirmando, según los indicadores de Bloomberg, que ya se ha puesto este nivel como predeterminado para el mes de diciembre.
Además del debate sobre el alza de tasas de interés ha dejado como conclusión importante la determinación de la Fed por mantener durante un periodo de tiempo prolongado su política monetaria en un terreno restrictivo. Es decir, las tasas de interés se mantendrán altas por un tiempo mayor al estimado.
Esto quedó claro al conocerse que los miembros del organismo redujeron sus expectativas de bajadas de tipos para el año que viene: en junio esperaban que se produjeran 4 recortes de 25 puntos básicos en 2024, y ahora sólo esperan dos.
Los recortes de tasas ya lo habían comprado los mercados antes del encuentro de esta semana, y ahora se ha ratificado la probabilidad de que ocurra; según los datos de Bloomberg, los inversores consideran que el primer recorte en el precio del dinero se producirá en junio del año que viene, y el segundo en julio.
Al parecer, los inversores esperan que en ese intermedio la economía empiece a comportarse mejor.
El recorte de tasas sin duda será otra historia, pero para llegar a ello la Fed debe terminar la tarea, ¿lo logrará?
Esa es la gran pregunta.