Aprobada hace unas semanas por la Cámara de Senadores del Congreso de la Unión de la LXV Legislatura, la Ley General de Economía Circular está en la Cámara de Diputados para su revisión y las modificaciones pertinentes para ser aprobada y publicada por el Ejecutivo en el Diario Oficial de la Federación. Espero que nos sirva para cambiar nuestra forma lineal de producción y la irresponsable y arcaica gestión de nuestros residuos, pero sobre todo el infame manejo post consumo que hemos hecho de ellos, causando enormes daños al suelo, subsuelo y acuíferos superficiales y cuerpos de agua en los 1,643 tiraderos a cielo abierto de residuos sólidos urbanos (reconocidos por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales el 15 mayo 2020) donde hemos tirado literalmente no solamente materiales reciclables (envases, empaques y embalajes) sino nutrientes de los residuos orgánicos (conteniendo hasta 75 % de agua) que generan precisamente estos jugos tóxicos que resultan de la indebida mezcla de todos nuestros residuos sólidos urbanos que contienen decenas de sustancias químicas y que conocemos como lixiviados.
Hice un estimado de los costos totales de agotamiento y degradación por esta pésima gestión de la basura, como le decimos coloquialmente. En una proyección del año 2004 al 2019 de las cifras oficiales de $ 79,067 MDP en el año 2019 que reportó el INEGI, puedo decir que perdimos 1.0 millón de millones de pesos por este concepto. Interpretando esta cifra como pasivos ambientales que algún día tendrán que eliminarse. Pero lo más grave es que en ese período los ayuntamientos de nuestro país han erogado aproximadamente 112,500 MDP por este obsoleto, caro y contaminante modelo de gestión de nuestros residuos sólidos urbanos. Además de haber emitido unos 90 millones de toneladas de CO2 que calientan el planeta. Contaminado más de 30,000 hectáreas de suelo, 850 millones de metros cúbicos de subsuelo y 200 cuerpos de agua con sus lixiviados.
El derroche de recursos naturales, nutrientes y materias primas que hacemos en estos 1,643 tiraderos a cielo abierto nos causan pérdidas de 36,000 millones de pesos anuales de materiales reciclables y 8,000 millones de pesos anuales que podríamos recuperar si con la fracción orgánica no reciclable fabricáramos combustibles derivados de residuos (CDRs) que se pueden vender a los 34 hornos cementeros que existen en nuestro país, para reducir sus emisiones de CO2 y ayudar a mantener el precio del cemento.
Quiero ser optimista y pensar que esta nueva Ley nos ayudará a cambiar nuestro comportamiento para que separaremos y acopiemos nuestros residuos sólidos urbanos para su reciclaje y aprovechamiento térmico. No hay tempo que perder.
*Carlos Alvarez Flores, Presidente de México, Comunicación y Ambiente, A.C.
Experto en Gestión de Residuos y Cambio Climático
www.carlosalvarezflores.com y Twitter @calvarezflores