La oposición encontró, desde hace siete años, la única manera de hacer política, criticar todo lo que hace el gobierno; se olvida de que es parte de la administración pública, a cambio de cuestionar palabras, obras públicas, disposiciones, reformas, etc.
Incapaces de informarse de manera sistemática, organizada, incluso metódica, los opositores agarran de bote pronto lo que dice la Presidenta o algún funcionario y lo colocan en discusión fuera de contexto en los medios, sin previo análisis ni entendimiento de por medio.
Su crítica tiene como límite la incapacidad de realizar ellos lo que ahora sugieren para “enderezar” el país. Un país que ellos torcieron.
La falta de memoria y la necesidad figurar aunque sea con torpeza en los medios, los obliga a caer en contradicciones que les cuesta el rechazo de muchos simpatizantes y votos en cada discusión.
Ni siquiera en su crítica permanente pueden ser expertos los opositores porque no le gusta informarse sobre el tema a debatir, ya sea en los medios o en el Congreso.
La mayoría de las ocasiones suben a tribuna a debatir una reforma de ley que no conocen.
La arrogancia de creerse superior, los vuelve conocedores de todo, aunque en la realidad sea todo lo contrario.
Olvido, ignorancia, negligencia, mala memoria o impulso, de la oposición, la condena a perder debates por falta de vocación política.
Un deportista se prepara para un partido, pero los miembros de la oposición llegan a los debates a gritar e interrumpir al interlocutor como evidencia de su ignorancia.
Criticar es la actividad más fácil de la vida pública, hacerlo con pruebas y bases sólidas es una responsabilidad compleja que los rebasa.
El abatimiento de El Mencho, es un ejemplo, de su obsesión por la crítica como único sostén político en la vida pública de México. Primero exigieron acciones contra el narco y cuando suceden, siempre hay algo que sala mal.
Lo divino y el deber ser, dos cuestiones propias del conservadurismo, es el único soporte de su discurso. El primero, exige perfección; el otro, impone al gobierno responder a una responsabilidad moral más cercana a la utopía que a la realidad.
La oposición le exige perfección al gobierno como si se tratara de una divinidad.
La crítica permanente suele crear realidades paralelas, lejanas, tan ajenas que sirven a los conservadores para hacer comparaciones desproporcionadas, donde creen basar su discurso y, por ende, todo su discurso político, incluso su programa de acción, que concluye cuando llega otra interpretación de la realidad digna de criticarse.
La oposición quiere gobiernos perfectos de lo que estuvo muy lejos de alcanzar cuando estuvo en el poder, pero cuando la crítica es la base de la vida política y el único ejercicio que justifica su lugar en el espacio, la practican diariamente .