La defensa a ultranza que un senador del PAN hace de la gobernadora María Eugenia Campos por permitir que agentes de la CIA operen en territorio nacional, implica el retiro del registro a ese partido político, medida que debe iniciarse paralelamente a otras dos acciones. La primera el juicio político contra la gobernadora y el segundo, la salida inmediata del embajador estadounidense, Ronald Douglas Johnson, ex director de la CIA, quien cumpliría un año en el cargo el próximo 19 de mayo.
Todo esto con la ley en la mano, por lo que no puede haber represalias ni enemistad. Incluso puede haber un tribunal internacional de por medio y sería obvio que la razón la tendría México.
La obsesión por el narcotráfico que coparte la derecha mexicana y el gobierno de Estados Unidos, está llegando a extremos radicales, pero sobre todo ilegales. Ninguno de los dos contribuye a terminar con la venta y el consumo respectivamente.
La acción muestra factores de un golpe de Estado suave, la preparación de una asonada contra la Presidenta, no puede menos que marcar un antes y un después de este suceso en la relación con el vecino del norte ni con las actividades del PAN, ni con la carrera política de Maru Campos. Quien estaba haciendo méritos con Estados Unidos para ser apoyada por su gobierno para la Presidencia de la República en México.
Es decir, el incidente también tumbó la intención de que Campos fuera la próxima candidata del PAN a la Presidencia.
La orquestación de un golpe la evidenció el más frágil eslabón de este proceso y el menos inteligente de sus integrantes: Ricardo Anaya, al querer elevar al grado de heroína, a la gobernadora de Chihuahua.
Los integrantes del PAN subieron a tribuna para acompañar al senador Mario Humberto Vázquez, exfuncionario de la gobernadora Campos.
Las reacciones que produjo verse descubiertos fueron más elocuentes que los hechos mismos. El miércoles 22 el diario Los Ángeles times, señaló que “Al menos cuatro efectivos de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos han participado en tres operativos antidrogas en el estado de Chihuahua”.
Para los panistas resultó imposible esperar el desarrollo político, legal y diplomático de la las reacciones por muerte de los agentes de la CIA, vestidos con uniforma de la Policía Estatal, para mostrar sus intereses en la acción, tomaron la tribuna del Senado para gritar la inocencia de Maru Campos, lo cual mostró su complicidad con la cúpula panista en este atentado contra México.
La oposición no sólo justifica discursos golpistas sino que lo impulsa desde adentro.
El escándalo de Ricardo Anaya en el Senado fue el ensayo general de lo que sucederá el 28 de abril cuando comparezca Maru Campos y su fiscal, donde tratarán de reventar la sesión.