Anoche volvió a ocurrir uno de esos fenómenos que ningún discurso político ha conseguido replicar. Miles de personas abarrotaron plazas, estadios, restaurantes y calles para celebrar el triunfo de la selección mexicana. Millones más lo hicieron desde sus hogares. No hubo listas de asistencia, transporte organizado, promesas ni incentivos. Solo una razón: el deseo genuino de apoyar a México.
Bastó escuchar un “¡Viva México!” para que miles de voces respondieran al unísono. Bastó que comenzaran los primeros acordes del Cielito Lindo para que una multitud entera cantara como si se conociera de toda la vida. Nadie discutía quién era mayoría o minoría. Nadie llevaba la cuenta de los asistentes. La legitimidad nacía de la espontaneidad.
Esa imagen inevitablemente me llevó a pensar en nuestra vida pública. En cada mitin político se abre el mismo debate: unos aseguran haber reunido multitudes; otros sostienen que fueron menos. Se acusa el acarreo, se cuestionan las cifras, se disputa quién representa verdaderamente a la mayoría. Al final, casi nunca existe consenso.
El fútbol, en cambio, ofrece una enseñanza distinta. Cuando una causa despierta una emoción auténtica, la gente acude por voluntad propia. No necesita ser convencida de permanecer, ni mucho menos de celebrar. La unidad no se construye con discursos; surge de una convicción compartida.
Hay algo que la política aún no ha conseguido: reunir a tantos mexicanos bajo una misma emoción y una misma voz. Con la selección no importa quién convocó, quién organizó o quién contó a los asistentes. Lo único evidente es que millones decidieron estar ahí porque querían estar ahí.
Y, sin embargo, la pregunta sigue pendiente. Si somos capaces de unirnos espontáneamente para celebrar un gol, para cantar Cielito Lindo o para gritar al unísono “¡Viva México!”, ¿cuándo seremos capaces de hacerlo para abrazar un anhelo compartido de bienestar social, donde todas las personas quepamos, donde cada una cuente, con pleno respeto a nuestras diferencias y con la firme convicción de que la inclusión debe alcanzar a todas las personas?
Ni una fuera. Porque solo así seremos el gran equipo que siempre debemos ser: un México unido, con justicia de verdad.