Hay palabras que cambian de significado cuando se observan desde la medicina. Una de ellas es oportunidad. En la vida cotidiana, una oportunidad puede ser una posibilidad que aparece y desaparece. En salud, puede representar la diferencia entre prevenir y tratar, entre recuperar una función y perderla, entre controlar una enfermedad y enfrentar una complicación. En ocasiones, incluso entre la vida y la muerte.
La primera oportunidad pertenece a cada persona. Nuestro cuerpo suele enviar señales: un dolor persistente, una pérdida inexplicable de peso, una alteración en el sueño, cansancio excesivo, cifras elevadas de presión arterial o glucosa. Sin embargo, con frecuencia posponemos la consulta esperando que el problema desaparezca.
También aplazamos revisiones preventivas porque nos sentimos bien. Pero la ausencia de síntomas no siempre significa ausencia de enfermedad. La hipertensión, la diabetes y algunos tipos de cáncer pueden evolucionar silenciosamente. Por ello, acudir a revisiones, vacunarse, realizar estudios de detección apropiados para la edad y modificar los factores de riesgo son oportunidades para intervenir antes de que el daño avance.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades señalan que la atención preventiva permite conservar la salud y detectar problemas de manera temprana. La Organización Mundial de la Salud también reconoce que el diagnóstico oportuno aumenta las posibilidades de éxito terapéutico, particularmente en enfermedades como el cáncer.
La Agencia para la Investigación y la Calidad de la Atención Médica considera la atención oportuna como uno de los componentes esenciales de la calidad: reducir las esperas y evitar retrasos potencialmente dañinos. El tiempo, en medicina, no siempre es neutral. A veces cura; otras, cuando se pierde, agrava. Finalmente está la oportunidad de las instituciones y de las políticas públicas. Los sistemas de salud no deben limitarse a recibir enfermos. Deben anticiparse mediante vacunación, vigilancia epidemiológica, promoción de hábitos saludables, detección temprana, atención primaria suficiente y acceso equitativo a diagnósticos y tratamientos.
Una política pública oportuna identifica los problemas antes de que se conviertan en crisis. Utiliza información, asigna recursos con base en riesgos y acerca los servicios a quienes más los necesitan. La cobertura universal, como la define la Organización Mundial de la Salud, implica recibir servicios de calidad cuando y donde se requieren, sin que ello provoque dificultades económicas. La oportunidad, entonces, es una responsabilidad compartida. Corresponde a la persona reconocer el riesgo y buscar ayuda; al profesional de la salud escuchar, diagnosticar y actuar; y al Estado crear las condiciones para que esa atención exista, sea accesible y llegue a tiempo.
Porque, desde el cristal con que se mira, no todas las enfermedades pueden evitarse ni todos los desenlaces dependen de nosotros.
Pero muchas complicaciones sí pueden prevenirse cuando alguien decide actuar antes. En salud, la oportunidad no sólo toca a la puerta. También debe buscarse, construirse y garantizarse. Y cuando llega acompañada de conocimiento, responsabilidad y humanidad, puede convertirse en la más valiosa de todas: la oportunidad de seguir viviendo.
Sin embargo, como diría Ramón de Campoamor "nada es verdad, nada es mentira, todo es de acuerdo al cristal con que se mira".