Hay políticos que construyen trayectoria con resultados. Y hay otros que acumulan polémicas, conflictos y expedientes incómodos. Mariela Gutiérrez Escalante parece instalada, desde hace tiempo, en esta última categoría.
El más reciente episodio ocurrió este 14 de mayo, cuando los periodistas Leonardo Núñez González, Lucía Vergara y Eduardo Buendía, de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, fueron retenidos por policías municipales de Tecámac mientras realizaban una investigación relacionada con la senadora morenista. En política, pocas cosas son casualidad. Y cuando quienes investigan terminan detenidos, el mensaje que se proyecta es grave: intimidación, cerrazón y abuso del aparato público.
La investigación apunta a un tema que Mariela Gutiérrez no ha logrado dejar atrás: el sacrificio de más de 10 mil perros durante su administración como presidenta municipal de Tecámac. No se trata de una versión promovida por adversarios políticos; fue la propia senadora quien reconoció los hechos en abril pasado.
La Fiscalía del Estado de México abrió una investigación de oficio por presunto maltrato animal agravado, un delito que contempla penas de prisión cuando es cometido por servidores públicos.
Pero el desgaste político de la senadora no termina ahí. A su alrededor se acumulan señalamientos por presuntas contrataciones de familiares en áreas estratégicas del gobierno municipal, contratos de obra bajo revisión, confrontaciones con policías de Tonanitla y episodios de tensión política que terminaron exhibidos públicamente. La ruptura interna en Tecámac alcanzó uno de sus puntos más visibles cuando funcionarios ligados a la administración anterior fueron desplazados y sus simpatizantes bloquearon la autopista México-Pachuca. Una postal de división y descontrol político.
El problema para Morena es que cada uno de estos escándalos termina proyectándose más allá de la figura de la senadora. También impacta al gobierno estatal encabezado por la Maestra Delfina Gómez Álvarez, quien ha buscado construir una agenda enfocada en seguridad, bienestar animal, programas sociales e infraestructura. En política, las sombras también contaminan, incluso cuando no son propias.
Mariela Gutiérrez no sólo enfrenta cuestionamientos personales. Se ha convertido en un factor de desgaste para su partido y en una carga política innecesaria para un gobierno estatal que intenta sostener una narrativa distinta. Porque cuando los escándalos se vuelven recurrentes, dejan de ser accidentes y empiezan a definir una trayectoria.
Y dentro de Morena, tarde o temprano, alguien tendrá que decirlo con claridad: ningún proyecto político puede sostenerse indefinidamente mientras carga con figuras que generan más crisis que resultados.