México se ha convertido en el único país del mundo en ser sede de tres mundiales de fútbol. El primero, fue en 1970, en donde se implementaron las tarjetas amarillas y rojas, se transmitió por primera vez en vivo y a color los partidos, dando origen al gran negocio que se convirtió el fútbol y que hoy está en su máximo auge. El segundo, en 1986, en donde después de la declinación de Colombia, nuestro país alzó la mano junto con los países vecinos, 40 años después Canadá, Estados Unidos y México son sedes del mundial más caro de la historia.
El fútbol dejó de ser un deporte de masas, para convertirse en un deporte lucrativo de las organizaciones deportivas, televisoras, marcas y también de jugadores, el fichaje más alto que se tiene es Lamine Yamal con 400 millones de dólares. A pesar de que la FIFA anunció que los boletos costarían en promedio 60 dólares, lo cierto es que sus tarifas dinámicas con precios desorbitantes, se convierten en inalcanzables para el promedio del salario del mexicano. La opción de verlo en televisión, olvidarlo, lo de hoy es pagar suscripciones, las ganancias que se estiman para la FIFA y que además está exenta de impuestos es de 13 mil millones de dólares.
Cuál fue el costo de ser sede mundialista. Recordemos que la sede del mundial 2026, se definió en 2018 siendo presidentes Donal Trump y Enrique Peña Nieto, este último poniendo sobre la mesa exenciones de impuestos federales y locales, seguridad, etcétera. Trump recibió en 2025 el galardón del Premio FIFA de la Paz, el chiste se cuenta sólo.
Y sí, mientras se desarrolla el mundial más grande y caro de la historia, México atraviesa una de sus realidades más tristes, por más que se quieran esconder, negar o minimizar. Las amenazas latentes de protestas de la CNTE que demandan entre otras cosas la abrogación total de la Ley del ISSSTE de 2007; de los transportistas, cuya principal exigencia es la seguridad de las carreteras, simplificación de trámites y reducción de cuotas; madres buscadoras, que ante un reclamo de justicia tan sólo piden ser escuchadas por la presidenta de la República e incluso de Ayotzinapa una herida que sigue abierta.
Por otra parte, el conflicto abierto entre Estados Unidos y México, en el que están involucrados el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya y otros 9 funcionarios, quienes presuntamente mantienen vínculos con el crimen organizado. Trump anunció el fin de la Guerra contra Irán pero no baja la guardia con México, donde de manera reitera sostiene que son los carteles los que dirigen el país.
México se encuentra entre la alegría de ser sede mundialista y la decepción porque en ocho años no se pudo generar una infraestructura y una inauguración a la altura; entre el orgullo de haber pasado al cuarto partido y el desánimo de no poder gritarlo en la cancha; entre el sueño de hacer historia y la esperanza de justicia.
Ningún deporte debería representar un privilegio, y menos en un país tan democrático como se presume que es el nuestro, menos en la ciudad de vanguardia, de derechos y libertades como es la CDMX, Guadalajara o Monterrey y, mucho menos en el país donde el fútbol es el deporte que más les gusta a los mexicanos y el tercero con mayor número de aficionados del mundo. Democratizar el fútbol no es dejar ir a los estadios, sino generar condiciones para que todas y todos podamos tener acceso.
Viviana Islas Mendoza Colaboradora de Integridad Ciudadana, Consejera Local del INE Estado de México, Funcionaria en la Administración Pública Municipal, Politóloga por la UAM, con estudios de posgrado en Políticas Públicas y Derecho Parlamentario. @VivianaIslasM @Integridad_AC