Odian el neoliberalismo, dicen no ser iguales, pero hacen cada cosa que los hace cada vez parecerse más a aquellos a los que detestan.
Este lunes se presenta ante el Congreso el Proyecto de Presupuesto para el año 2026, tal como lo manda la ley.
Ya no saben ni de dónde sacar dinero para mantener sus programas sociales, esenciales para su supervivencia en el plazo inmediato y la base de un régimen populista que no necesariamente busca erradicar la pobreza con esos programas sociales, sino por el contrario, entre más pobres haya para repartir dinero mucho mejor para ellos.
El problema es ¿de dónde?, de dónde se puede sacar dinero para repartir cada vez más con un crecimiento tan mediocre como el que muestra nuestro país.
Este año si crecemos ligeramente arriba de 0.5% nos irá de maravilla, y en el gobierno lo celebrarán con bombo y platillo, la mediocridad se celebra desde el sexenio pasado, porque le conviene al régimen.
Con un PIB tan mediocre y con más programas sociales a la vista, como las pensiones para mujeres de 60 a 64 años, y lo mismo para los hombres de 60 a 64 años programado para el año 2027 (faltaba más, son las elecciones legislativas de medio sexenio y la posible consulta para revocación de mandato), la urgencia de recursos para las arcas públicas es urgente.
Una de las medidas está ligada a la derogación anunciada a finales de la semana pasada por la propia presidenta Sheinbaum de la deducibilidad de las cuotas que pagan los bancos al IPAB.
Según los cálculos de analistas, esto representaría alrededor de 10,000 millones de pesos, una cifra respetable pero que para efectos de finanzas públicas y recursos necesarios para la entrega de dádivas, perdón, quise decir para los programas sociales gubernamentales, la cantidad es irrisoria.
En su eterna incoherencia para querer lucir diferentes pero ser iguales a los de antes, no son capaces de diseñar un presupuesto de estímulo para el crecimiento, sino que mantienen con hace 45 años o más un presupuesto enfocado en el mantenimiento de cuotas de poder, de espacios con fines electorales y de mediocridad macroeconómica.
No son iguales, pero cómo se parecen, el presupuesto 2026 como todos los que se han hecho desde el año 2018 cuando según dicen que este país inicio una maravillosa, histórica y espectacular ¿transformación?, son una calca de los que se hacían en otros periodos no muy lejanos.
¿Y la reforma fiscal apa? Se va una oportunidad histórica esa sí, pobre México.