A estas alturas, es un hecho que Claudia Sheinbaum remontó el resultado del tercer peritaje sobre la línea 12 del Metro.
No fue suficiente para sacarla de la carrera por la candidatura de su partido a la presidencia de la República.
Sigue en la pista y va a llegar a la recta final, a las encuestas, con la fuerza de quien ha resistido embestidas que, a cualquier otra u otro, hace tiempo que la hubieran eliminado de la competencia.
El golpe parecía demoledor, arrollador, del que nadie podría salvarla o rescatarla, porque no bastaría con alegar parcialidad o conflicto de interés para desacreditar el informe que imputaba a su gobierno responsabilidad en el desplome del transporte colectivo, por falta de mantenimiento.
Tiro de precisión que solo podía ser realizado por especialistas, para evitar el riesgo de fallar. Dio en el blanco, cimbró al equipo que trabaja en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, en el centro del poder. Se detectó que el disparo venía del exterior, tramado desde el interior del país por uno de los principales adversarios, aunque sin pruebas para demostrarlo. Personaje inteligente, experimentado, con vínculos influyentes dentro y fuera de México.
La primera reacción fue evitar que se hiciera público y prepararse para la batalla legal con la empresa contratada, encargada de elaborar el peritaje, dispuesta a defender su prestigio internacional.
No pasó ni una semana, en menos de dos días el documento era dado a conocer por el diario español El País, con los detalles de lo que de alguna manera se había anticipado. Retomado por medios nacionales, impresos, electrónicos y redes sociales. La fórmula clásica de la política: el que pega primero, pega dos veces.
Reto para el control de daño. Nada que se argumentara desde la jefatura de la CDMX bastaría para revertir el deterioro de imagen. Lo peor es que el impacto “amigo” o enemigo alcanzaba a poner en riesgo el proyecto de quien es vista como favorita de Palacio Nacional.
Justo antes de caer al abismo, llegó el brazo salvador, la mano que la atrapa y la vuelve a poner en la pista. Apuntalamiento al máximo nivel, palabras presidenciables.
En Palacio Nacional se dieron a conocer los nombres de aspirantes y desde ahí se les cuida. El caso de Claudia no es el único. Hace apenas unas semanas eran los viajeros aéreos al estado de Coahuila.
Mayor el obús contra Sheinbaum. Ya celebraban quienes estuvieron muy cerca de anularla o al menos tumbarla de los primeros lugares de las preferencias.
Si Claudia remonta este obstáculo, advertían temerosos sus detractores, nada ni nadie va a impedir que llegue a la recta final, va a estar en la encuesta por la candidatura presidencial.
Todavía no puede cantar victoria y mucho menos dar por hecho su nominación. La carrera no ha terminado. Lo que es evidente y está probado es que tiene a su lado o de su lado a un ángel muy poderoso, el que colocó a ella y a todos los demás de Morena en la carrera presidencial.
Prueba de que el episodio del Metro no arrolló a Claudia es la encuesta nacional realizada por la empresa “Buendía&Márquez”, publicada por El Universal el pasado 26 de mayo, que la coloca como ganadora antes varios competidores de oposición, en caso de llegar a ser la candidata del partido en el poder.
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