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Columnas
El gran Adam Przeworski acaba de publicar un breve ensayo con el título de esta columna, en el número de julio de la revista Journal of Democracy. Se trata de una propuesta conceptual relevante que hay que revisar con seriedad y que el autor refrasea de este modo: ¿Qué defendemos cuando defendemos la democracia?
Informa que la distinción que articula la respuesta es entre la democracia como método de procesamiento de conflictos sociales y democracia como encarnación de valores, ideales o intereses cuya concreción exigen grupos diversos. Y nos recuerda que esa distinción es precisamente la que existe de antaño entre la concepción democrática minimalista y la maximalista.
La minimalista es la electoral; aquella en la que mientras haya elecciones libres y periódicas y de la legislatura emanen normas e instituciones conforme al procedimiento legislativo preestablecido, habrá democracia. Esta concepción, dice el autor, es intrínsecamente valiosa. Es decir, vale per se.
Por su parte, la maximalista aprecia el mecanismo electoral justo e imparcial como solo un prerrequisito para la consecución de ciertos bienes y servicios de utilidad social universal como la salud, la seguridad, la educación, la prosperidad, la justicia, la libertad, el gobierno decente, etc. Esta concepción, más amplia, por cierto, es de más compleja realización, sobre todo dependiendo de la cantidad, calidad y profundidad de los valores, bienes y servicios que le exijamos a la democracia, indispensables para su concreción.
Empero, acá en la realidad, todos y todas sabemos o exigimos que nuestro régimen democrático debe consistir no solo en el acceso al ejercicio y al control del poder, sino que también produzca con oportunidad y suficiencia esos valores, bienes y servicios y su realización para todo el conjunto de una comunidad.
Así la cosas, las preguntas iniciales de Przeworski mueven a reflexión y nos fuerzan a abismarnos a otras, quizá más relevantes. Por ejemplo ¿Es Trump un demócrata y su movimiento es democrático si están buscando acceder a la presidencia por la vía electoral? ¿Solo por eso deberían ser reconocidos como demócratas? ¿O también importan su plataforma de campaña y su conducta política y personal previas?
Dicho de otra manera ¿Es completamente democrática una fuerza política que ganó una elección a la buena pero exhibe impulsos autoritarios ahora y/o los ha mostrado en el pasado? Veamos a Orban en Hungría y a Erdogan en Turquía o Putin en Rusia y Maduro en Venezuela. ¿Qué tal Ortega o Bukele?
En todos los casos la concepción minimalista de la democracia queda intacta y cumplida por el acceso al poder mediante elecciones, pero entramos en honduras si utilizamos el filtro analítico maximalista al ver el desempeño político y económico de esos gobiernos ya en el poder o tratando de retenerlo. Conviene leer a Przeworski. Es una joya de texto.
@ElConsultor2
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