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¿Quién manda en los reclusorios?

¿Quién manda en los reclusorios?

Columnas miércoles 08 de enero de 2020 - 01:34

La reciente extorsión a la madre de Denise Dresser mediante la amenaza de que la politóloga y periodista había sido secuestrada reaviva el debate en torno a ese tipo de delitos presuntamente cometidos desde el interior de las prisiones, donde, según la vox populi, no rige más ley que la del más fuerte; es decir, ahí, en los reclusorios mandan los delincuentes.

La denuncia que conocimos por la propia comunicadora da cuenta de detalles mediante los cuales los supuestos secuestradores convencieron, primero, a la mamá de Denise de que la tenían secuestrada y, después, de que debería obedecer sus indicaciones bajo la advertencia de que de no hacerlo le costaría la vida a la víctima.

Desgraciadamente esta práctica ya es antigua y, pese a las medidas para contrarrestarla, sigue dañando a miles de personas, pues se basa en una de las armas más poderosas existentes en el planeta: la sorpresa.

No tiene caso repetir los pormenores de la jornada de angustia y sufrimiento generados por este caso que cobró notoriedad por los personajes involucrados, pero es de subrayar que a un alto porcentaje de las familias en las grandes ciudades de nuestro país le ha tocado vivir momentos similares. Mi familia fue víctima de extorsión.

Cuando se presenta una denuncia por delitos como éste, la versión más común de las autoridades es en el sentido de que son cometidos desde las prisiones cómo si eso justificara que los ciudadanos debamos padecer esas prácticas y pocas veces sabemos de la captura, consignación, proceso y sentencia de alguna banda dedicada a ese tipo de extorsiones.
La afirmación de que los extorsionadores actúan desde la cárcel no resuelve nada y, por el contrario, revela que, de ser cierta, en los centros de reclusión priva una impunidad “intra muros” que permite realizar toda clase de actividades sin que nadie pueda contenerlos.
Introducir celulares a los centros de reclusión no es tan difícil como tratar de llevar drogas a los internos, y si en verdad esas extorsiones se cometen desde ahí debemos admitir que no se cuenta con la vigilancia adecuada o que la corrupción sigue presente como lo ha estado siempre en nuestras cárceles.
La experiencia demuestra que medidas como bloquear los teléfonos en caso de robo o extravío, cortar la llamada de inmediato cuando somos víctimas de un delito, tener el control de las llamadas que recibimos y otras más no pondrán fin a estas acciones en las que lo más grave no es el dinero o bienes materiales que perdemos sino las horas de angustia y sufrimiento de las víctimas.
¿Qué se puede hacer? Si tuviera la respuesta a esa pregunta ya la habría compartido con ciudadanos y autoridades, pero como no la conozco no diré nada sobre el particular, pero sí puedo comentar que las “explicaciones fáciles” que solemos escuchar no sólo no resuelven nada sino ponen en evidencia a funcionarios ineptos o indiferentes a las necesidades de la gente de a pie.

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/CR

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