El más reciente anuncio emitido por la Organización Mundial de la Salud sobre el desarrollo del virus del Ébola, que se ha calificado como una emergencia sanitaria en algunas regiones de El Congo y Uganda, nos lleva a tomar con mucha seriedad el proceso de credencialización del Servicio Universal de Salud en nuestro país.
Esta acción emana de la Estrategia Nacional de Integración de los Protocolos Nacionales de Atención Médica (Pronam), que impulsa la Organización de las Naciones Unidas a través de la Secretaría de Salud en nuestro país, con la intención primordial de garantizar el derecho a la vida y la salud considerada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
La mandataria Claudia Sheinbam Pardo, previo a llegar a la silla presidencial, lo consignó dentro de sus “Cien compromisos para el segundo piso de la cuarta transformación”, en el punto número 41, “para hacer efectivo el derecho a la salud”.
En esencia, el Servicio Universal de Salud busca unificar criterios clínicos en todo el país para que un paciente reciba el mismo diagnóstico y trato, sin importar si acude al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), al IMSS-Bienestar o a los servicios estatales.
Durante años, quizá décadas, millones de mexicanos enfrentaron diferencias absurdas entre instituciones, medicamentos disponibles en un hospital y ausentes en otro; tratamientos distintos para el mismo padecimiento; referencias tardías; expedientes dispersos; y tiempos de atención condicionados por el presupuesto local.
Estos Pronam pretenden romper esa lógica mediante protocolos homologados y sustentados en evidencia científica internacional. El primer bloque incluye enfermedades como la diabetes tipo 2, hipertensión arterial, obesidad, enfermedad renal crónica y cáncer infantil.
Recordemos que, México ocupa desde hace años posiciones alarmantes en obesidad y diabetes dentro de los niveles establecidos por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). La hipertensión y los padecimientos cardiovasculares permanecen entre las principales causas de muerte. La enfermedad renal crónica consume enormes recursos hospitalarios y obliga a miles de familias a endeudarse.
Además, el Consejo de Salubridad General informó que cuatro de los protocolos representan cerca del 80 por ciento de la carga de enfermedad del país. Esa realidad exhibe el tamaño del desafío sanitario mexicano, un sistema que durante décadas privilegió la reacción sobre la prevención.
Así, la apuesta del doctor David Kershenobich, implica este cambio en la política de salud nacional. Significa reconocer que la calidad médica, no debe depender del nivel económico o afiliación institucional. En teoría, una persona campesina en Chiapas debe tener acceso al mismo estándar clínico, que un trabajador formal en Monterrey o un burócrata en la capital del país.
En este sentido, la Secretaría de Salud ha dado los primeros pasos para iniciar la mayor compra consolidada de medicamentos en el país, incorporando a personajes de la vida nacional como Fernando Zárate Salgado, para eficientar el proceso, de la mano de instituciones como la Secretaría de Marina, de la Defensa Nacional, Petróleos Mexicanos (Pemex), el IMSS, el ISSSTE y el IMSS-Bienestar.
De esta forma resulta muy relevante que, ante situaciones imprevistas como la propagación del virus del Ébola, o previstas, como el Mundial del fútbol; la población, autoridades e instituciones estén coordinadas a partir de la credencialización del Servicio Universal de Salud.
*Periodista | @JoseVictor_Rdz
Premio Nacional de Derechos Humanos 2017
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