La situación de miles de migrantes que se encuentran en la frontera entre México y los Estados Unidos, y de muchos de los que se dirigen a ella, es considerada de extrema por las autoridades de ambos países ya que la amenaza de un desbordamiento social está latente.
Ante el anuncio del gobierno de Joe Biden de que el primer minuto del jueves concluye la aplicación del Título 42 (con el cual se realizaban deportaciones inmediatas), muchos de los inmigrantes han alimentado la esperanza de poder ingresar finalmente a la “tierra prometida”.
El constante arribo de migrantes al centro de El Paso, Texas ha cambiado ante la declaratoria de su alcalde de emergencia, ante la incapacidad para darles atención; brindarles servicios médicos, comida y un lugar donde pasar la noche, al estar superada la capacidad de los refugios y albergues, miles de ellos han decidido acampar en las calles del centro de la ciudad.
La policía de la ciudad fronteriza ha cancelado descansos, vacaciones y días libres a sus elementos, quienes, junto con el ejército, la guardia nacional y la patrulla fronteriza han sido responsabilizados de mantener a los inmigrantes en el “cuadrante” que delimitaron para su obligada estancia.
La iglesia de El Sagrado Corazón de Jesús ha sido el punto de reunión de los migrantes, pero como una ola concéntrica se ha ido extendiendo y ahora las lonas, plásticos y baños portátiles, obstruyen los aparadores y vitrinas de la zona, además claro de los ríos humanos que son vistos y tratados como “una potencial bomba de tiempo”, tanto por su número, organización y su deseo de alcanzar su sueño largamente buscado.
Las rejas de la iglesia, y las casas vecinas son utilizadas como improvisados tendederos, el constante ir y venir de centroamericanos y
sudamericanos es constante, pero además la presencia de caribeños e incluso africanos ya es fácilmente perceptible. El trafico vehicular ha sido
suspendido, la calles que confluyen al centro están cerradas por elementos policiacos, sin embargo, la ayuda no se detiene, sobre todo de organizaciones humanitarias y religiosas.
El pastor de la iglesia del Sagrado Corazón, Rafael Garcia, ha comentado en diversas entrevistas que El Paso se ha convertido en la parte más angosta del embudo migrante y las iglesias de la ciudad no son suficientes para ayudar a casi 3 mil personas que están en busca de un refugio.
Complicado, pero sobre todo preocupante y hasta alarmante situación se está viviendo esta ciudad fronteriza y es que, desde hace 15 días entre 150 y 200 migrantes llegan, hombre solos, mujeres igualmente, matrimonios, familias enteras y lo más preocupantes menores de edad, una zona que verdaderamente se ha convertido en una “olla de presión”.
@arnc7