Extraordinario, fue el calificativo que utilizó Carlos Slim para dar la nota en la inauguración del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, del que ayer todos nos ocupamos y hoy llena cada uno de los rincones y líneas en los medios que dan cuenta del “gran día” del presidente Andrés Manuel López Obrador, cobijado por los infaltables vitores: “si se pudo, si se pudo”… “es un honor estar con Obrador”.
Pues sí eso significa dar un “gran paso” para el país, bienvenido sea. Aunque lo dudo, ni tenemos un nuevo aeropuerto de primer mundo, ni es una obra del pueblo, al que hay que decir dejaron entrar con mayor facilidad respecto a las trabas con las que se toparon los equipos de prensa que fueron a realizar su trabajo.
Reporteros, fotógrafos, camarógrafos y cronistas del “gran acontecimiento” anunciado desde hace dos años para este 21 de marzo, fueron tratados como el llamado “mal necesario”, citados entre dos y 4:30 de la madrugada, conducidos y resguardados en un comedor militar mientras los invitados y protagonistas de la inauguración se acomodaban; en todo momento “orientados” para realizar su trabajo y, hasta el final, guiados para regresar al comedor, recoger sus credenciales incautadas a cambio de un pase de salida, y despedidos hasta las puertas del recién pulido aeródromo comercial de Santa Lucía, en Zumpango, Estado de México.
Sí, así fueron tratados, así fue conducida la prensa, el trabajo reporteril. Al cual hay que aplaudir porque hicieron lo que saben hacer y reportaron incidentes, presencias y ausencias inesperadas, y trabajos aún pendientes en el AIFA. Hasta la presencia, perfectamente calculada, de una decena de vendedoras de “tlayudas” oaxaqueñas apostadas u ordenadas en columnas cercanas a las próximas conexiones para autobuses.
Qué tal los puestos de artesanías, recuerdos del AIFA, camisetas, gorras y muñequitos con la figura de AMLO, que contaron con todas las facilidades para instalarse. Incluso se pudo encontrar en el primer día de operaciones el servicio de videntes y lectoras de cartas y “buenas vibras”.
“Gran fiesta” dijeron los corifeos del Gobierno y adoradores de la figura presidencial. Bien por ellos, su fiesta de “pueblo” cumplió. Ahora quedamos al pendiente si la obra “del pueblo” será usada y disfrutada por el mismo, más allá de los que aprovecharon el día de asueto para conocer un aeropuerto y ver de cerca “los enormes” equipos aéreos. Buen paseo del “pueblo”.
¿Cuántos tendrán la posibilidad de viajar en avión, cuántos alguna vez lo harán?
La más reciente encuesta de Parametría señala que menos del 30% de la población en México ha viajado alguna vez en avión.
Y mientras, el país en día de descanso esperando más empleos, mayor inversión y aumento en la producción de todas las actividades económicas. Lo realmente importante, y lo que si influye y ocupa al 100% de la población del país.
El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, del Consejo Coordinador Empresarial, lo señala en el análisis que publica esta semana: la fortuna en forma de ingresos públicos adicionales por el significativo aumento de los precios internacionales del petróleo ofrece al Gobierno Federal la oportunidad de cumplir sus objetivos de gasto.
“Es posible que los ingresos públicos adicionales por los precios del crudo vayan más allá del gasto presupuestado, debido a que todo indica que el conflicto bélico en Euroasia durará mucho más de lo previsto y que ello mantenga elevados a dichos precios. Es factible que el precio de la mezcla mexicana se mantenga por arriba de lo previsto en el presupuesto (55.1 dólares por barril) en el resto del año, aunque con alta volatilidad.”
Dicen estos especialistas que el excedente de ingresos por el mayor precio del crudo puede destinarse, de manera transitoria, a gastos de necesidades evidentes en educación, salud, seguridad pública, bienestar social o inversión productiva, entre otros.
“No obstante, el gobierno ha decidido utilizarlos para cumplir una promesa de campaña: que no aumente el precio de los combustibles o que “no habrá gasolinazos.”
Se alejan de lo productivo, de lo rentable, de lo que beneficia al pueblo porque aumenta la oferta de empleos, la inversión y las remuneraciones.
Pero por todo lo demás bien. Y el AIFA, “extraordinario”.