Pedro Arturo Aguirre
Hombre fuerte como pocos lo fue Rafael Correa, el ex presidente de Ecuador cuyo mandato duró una década y transformó radicalmente al país. En su gobierno se lograron importantes índices de crecimiento económico, aupados por los elevados precios de los hidrocarburos en los mercados internacionales. También se redujo la pobreza de manera sustancial, se alcanzaron logros sociales en educación, salud, seguridad social y se construyeron importantes infraestructuras. Pero el régimen correísta poco se hizo para diversificar la economía y hacerla menos dependiente del petróleo. Aplicó una feroz estrategia extractivista de explotación petrolera y construcción de megaproyectos mineros, lo cual lo enfrentó con sectores ecologistas y abrió de par en par las puertas del país al ingreso de cuantiosas inversiones chinas.
Correa fue un caudillo autoritario y omnipresente. Quería dominar todos los aspectos de la vida pública de su país. Estableció agenda a partir de un amplio aparato integrado por los medios de comunicación estatales y por su forma personal favorita de comunicación: el Twitter. Cada sábado celebraba “enlaces ciudadanos”, conocidos informalmente como "las sabatinas", la cuales le servían, entre otras cosas, para para vilipendiar a los opositores y disidentes. Se restringieron las libertades, se estableció un marco jurídico represivo, se persiguió a la prensa independiente e inclusive se maltrató movimientos sociales aliados de Correa. Fue un populista típicamente confrontacionista dedicado a dividir a la sociedad con un discurso de fractura y odio. Pero también fue incapaz de institucionalizar a su propio movimiento, exitoso en las urnas y en la gestión pública, pero inepto en trascender la figura del líder. La omnipresencia se volvió omnipotencia.
Lenín Moreno llevó adelante un proceso de "descorreización", pero su gestión fue deficiente en el tratamiento de la economía y en el manejo de la pandemia. Aumentó el desempleo y hoy hay casi seis millones más de pobres. Por eso la pasada elección se decidió en torno al polémico expresidente. El anticorreísmo se impuso en las urnas no solo por el rechazo a al caudillo de un sector de la sociedad, sino por la falta de apoyo dentro de la misma izquierda. Sintomático de esto lo son las declaraciones del importante líder indígena Yaku Pérez, quien acusó al correísmo de ser “una tendencia populista con adornos antiimperialistas, pero arrodillada ante el imperio chino; predica la ecología, pero desangra la Pachamama; dice ser socialista y privatiza puertos, telefónicas, campos petroleros y mineros”.
La victoria del conservador Guillermo Lasso entierra al correísmo. El caudillo, exiliado en Bélgica y condenado en ausencia a ocho años de cárcel por corrupción, confiaba en la victoria de su aliado Andrés Arauz para su rehabilitación y eventual regreso a Ecuador, quizá para gobernar en la sombra. Todo ello era solo un castillo en el aire.