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El delicado equilibrio  de la neurocirugía

El delicado equilibrio de la neurocirugía

Columnas martes 08 de julio de 2025 -

Cuando pensamos en una cirugía cerebral, imaginamos el cuero cabelludo abierto, el cráneo expuesto y los tejidos al desnudo. Pero lo que ocurre dentro del cerebro durante la intervención va mucho más allá de esa imagen: es una fascinante combinación de tecnología, precisión quirúrgica y la biología más compleja.

Lo primero que debemos entender es que el cerebro, a diferencia de la piel, no percibe dolor. Las incisiones se realizan bajo anestesia general o local, y técnicas como la craniectomía o craniotomía permiten crear una “ventana” segura hacia la corteza cerebral. El cirujano levanta cuidadosamente la duramadre —la membrana protectora— para acceder al tejido neural, siempre respetando su arquitectura funcional.

Hoy en día, la neurocirugía emplea herramientas avanzadas como neuronavegación, resonancia magnética intraoperatoria (iMRI) y monitoreo neurofisiológico (IONM). La neuronavegación genera mapas 3D a partir de resonancias y tomografías preoperatorias, lo que posibilita alcanzar zonas exactas sin dañar tejido sano. Las iMRI, por su parte, permiten ver en tiempo real si hemos eliminado por completo una lesión sin necesidad de volver a abrir el cráneo.

El IONM supervisa señales eléctricas del cerebro, como EEG y respuestas motoras, en vivo. Si detectamos una anomalía durante la intervención, podemos corregir el rumbo al instante para proteger conexiones neuronales críticas. En algunos casos, realizamos cirugías con el paciente despierto: una craniotomía en la que, tras la fase inicial bajo sedación, despertamos al paciente para que hable, se mueva o responda preguntas. Su cooperación nos permite mapear zonas esenciales dedicadas al lenguaje, la movilidad o la sensibilidad, reduciendo riesgos. En más de una ocasión, los pacientes incluso bromean, ayudándonos a identificar regiones funcionales mientras mantenemos su estado emocional calmado.

Operar el cerebro implica lidiar también con la gravedad y la presión intracraneal: el tejido puede desplazarse, cambiar de forma o hundirse. Aquí es donde la iMRI se vuelve indispensable: nos permite ajustar nuestra estrategia quirúrgica en tiempo real y manejar ese entorno vivo y cambiante.

La neurocirugía es, en esencia, un delicado equilibrio entre realizar la agresión necesaria para eliminar tejido patológico —como tumores o focos epilépticos— y proteger la esencia del paciente: su inteligencia, su identidad, su capacidad de comunicarse y recordar. No trabajamos solo con bisturíes y tecnología; preservamos mapas funcionales de conciencia, emocionalidad y sueños.

La próxima vez que pienses en una cirugía cerebral, recuerda esto: no solo abrimos cabezas, abrimos posibilidades. Donde la tecnología se cruza con lo humano.

Los invito a participar en la 1ra carrera "Kilómetros de Esperanza" y 2da carrera del Colegio Nacional de Neurocirugía, donde podrán caminar, trotar o correr por una vida. Dejo los detalles en mis redes sociales.


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