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Columnas
Hay pocos fracasos en el mundo tan rotundos como el de la petrolera mexicana Pemex.
Es un fracaso escandaloso que se matiza con el proceso electoral que vive México, y con el discurso diario desde la que se ha convertido en la mayor tribuna del país, a la que están atados hasta los medios de comunicación quieran o no.
Pero el fracaso de Pemex debería ser escandaloso, lamentablemente el discurso lo puede todo en este momento.
Pero llegará el momento en el que como país tendremos que enfrentar las consecuencias de las malas decisiones, pésimas decisiones de hecho.
Esta semana que finaliza el gobierno mexicano condonó por decreto presidencial a Pemex un poco más de 86 mil millones de pesos, casi 5 mil millones de dólares, en impuestos.
La condenación es escandalosa por sí misma, justamente lo que se criticaba es lo que se hace, seguramente la justificación será el nacionalismo, que dista mucho del juego de la oligarquía voraz, como lo han señalado una y otra vez.
Pero el daño para el país es igual provenga del sector público o del sector privado.
La condonación de impuestos a Pemex vía decreto presidencial es un acto abusivo, pero más allá de eso, es el reconocimiento tácito del gran fracaso; la petrolera no tiene recursos ni siquiera para pagar los impuestos que por obligación le corresponden.
En los hechos, Pemex está en la quiebra total, si no fuera un empresa pública, porque ya ni siquiera es una empresa productiva del Estado, se hubiera visto obligada a cerrar sus puertas hace tiempo.
Lamentablemente el nacionalismo trasnochado no permite hacer la pregunta correcta y vital para el país.
México no debe preguntase si Pemex está en quiebra o lo, eso ya es inocultable.
Tampoco debemos preguntarnos si es o no correcto rescatar a Pemex un sexenio sí y el otro también.
Lo que México debe preguntarse y además responderse a la brevedad de manera contundente ¿cómo acabamos a la brevedad con ese barril sin fondo llamado Pemex?
Y al decir la frase "acabar con Pemex", no nos referimos a terminar con la industria petrolera nacional, incluso no nos referimos a acabar con la propia Pemex, sino a terminar con esa Pemex fracasada, esa que le ha costado miles de millones de pesos y dólares al país.
Pero, lamentablemente los tiempos políticos muchas veces no coinciden con las finanzas del país, y menos lo consideran importante.
Mientras eso no suceda, no solamente Pemex estará fracasado, se condenará al fracaso a México.