Todos queremos vivir muchos años. Pero quizá deberíamos hacernos una pregunta: ¿cómo queremos llegar a esos años? Seguramente deseamos conservar nuestra memoria, caminar sin dificultad, mantener nuestra independencia y disfrutar de nuestra familia sin que las enfermedades limiten nuestra vida cotidiana.
Durante años hemos escuchado recomendaciones sobre los alimentos que debemos consumir para mantenernos saludables. Pero pocas veces nos detenemos a pensar en aquellos que convendría limitar si queremos llegar a una vejez con mejor calidad de vida.
En 2025, la revista científica Nature Medicine publicó una investigación titulada Optimal dietary patterns for healthy aging, basada en el seguimiento de dos grandes cohortes estadounidenses durante aproximadamente 30 años.
Los investigadores analizaron diferentes patrones alimentarios y su relación con un envejecimiento saludable, considerando no solamente la supervivencia, sino también la salud física, mental y cognitiva, así como la ausencia de enfermedades crónicas importantes.
Encontraron que los patrones de alimentación saludables se relacionaban con una mayor probabilidad de llegar a edades avanzadas conservando mejores condiciones de salud.
Los alimentos que se sugiere evitar o controlar son, en primer lugar, los alimentos ultraprocesados, refrescos, botanas empaquetadas, galletas, pastelillos, sopas instantáneas y determinados alimentos preparados industrialmente.
En segundo lugar, deberíamos moderar el consumo de carnes procesadas, como salchichas, tocino, jamón y otros embutidos. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, organismo especializado de la Organización Mundial de la Salud, clasificó las carnes procesadas como carcinógenas para los seres humanos.
Sus evaluaciones encontraron que consumir diariamente 50 gramos de carne procesada se asociaba con un incremento aproximado del 18% en el riesgo relativo de cáncer colorrectal.
En tercer lugar, debemos prestar atención a los alimentos con exceso de azúcar añadida. Refrescos, bebidas azucaradas, postres y productos de repostería pueden aportar cantidades importantes de calorías sin proporcionar los nutrientes que necesitamos.
Su consumo frecuente favorece y puede contribuir a la obesidad y las alteraciones metabólicas.
También debemos limitar los alimentos con exceso de sal, como algunas botanas, sopas instantáneas y comidas preparadas.
El consumo elevado de sodio contribuye al aumento de la presión arterial, uno de los principales factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares.
Finalmente, conviene reducir los productos ricos en grasas trans industriales y grasas saturadas en exceso,
El problema no es solamente lo que comemos, sino lo que dejamos de comer
Conforme envejecemos, algunas personas disminuyen su consumo de alimentos por falta de apetito, problemas dentales, dificultades económicas o enfermedades.
En esas circunstancias, sustituir una comida completa por café con pan dulce, galletas o productos de escaso valor nutricional puede significar consumir calorías, pero no suficientes proteínas, vitaminas, minerales y fibra.
Por ello, comer menos no necesariamente significa comer mejor.
La alimentación de los adultos mayores debe ser suficiente, variada y adaptada a sus necesidades. No se trata de eliminar indiscriminadamente alimentos, sino de privilegiar frutas, verduras, leguminosas, cereales integrales, fuentes adecuadas de proteína y grasas saludables.Y tampoco debemos olvidar que una alimentación saludable debe ser accesible y compatible con nuestras condiciones económicas, culturales y familiares.
Tal vez no podamos elegir cuántos años vamos a vivir, pero sí podemos influir, desde nuestro plato, en cómo queremos vivirlos.Sin embargo como bien diría Ramón de Campoamor "Nada más es verdad, nada es mentira, todo es de acuerdo al color con el cristal con que se mira”