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Envejecer con dignidad también es un derecho

Envejecer con dignidad también es un derecho

Columnas viernes 22 de mayo de 2026 -


En el último día del periodo ordinario en la Cámara de Diputados, mientras muchas agendas legislativas cerraban ciclos y los trabajos parlamentarios llegaban a una pausa, desde la Comisión de Atención a Grupos Vulnerables decidimos enviar un mensaje claro y contundente, en México no podemos seguir ignorando la realidad que viven miles de personas adultas mayores.
Por ello, aprobamos una iniciativa que busca erradicar la violencia contra las personas adultas mayores, una problemática que durante mucho tiempo permaneció invisibilizada y que hoy exige acciones firmes, sensibilidad y compromiso institucional. No se trata solamente de una reforma más ni de un tema secundario en la agenda pública; hablamos de dignidad, de justicia y de humanidad.
Quienes hoy son adultos mayores fueron quienes construyeron este país con años de trabajo, esfuerzo y sacrificio. Son mujeres y hombres que sacaron adelante familias enteras, que enfrentaron dificultades económicas, crisis y cambios sociales, y que dedicaron gran parte de su vida a aportar al desarrollo de México. Sin embargo, resulta doloroso reconocer que muchas veces, al llegar a esta etapa de la vida, enfrentan abandono, indiferencia y violencia, incluso dentro de sus propios hogares.
La violencia contra las personas adultas mayores tiene muchas formas. No solamente hablamos de agresiones físicas. Existe también la violencia psicológica, que humilla, minimiza y lastima emocionalmente; la violencia económica, cuando se les controla o quita su dinero; y la violencia patrimonial, cuando son despojados de sus bienes, de sus propiedades o incluso de aquello que construyeron durante toda una vida.
La realidad es alarmante. Datos del INEGI muestran que una gran cantidad de personas adultas mayores han sufrido algún tipo de maltrato, y lo más grave es que, en muchos casos, la violencia proviene del propio entorno familiar. Hijos, nietos o personas cercanas terminan convirtiéndose en quienes vulneran sus derechos y atentan contra su tranquilidad.
Detrás de cada cifra existe una historia. Está la abuelita que vive sola porque su familia la olvidó; el adulto mayor que es visto como una carga; quienes son despojados de su pensión o quienes permanecen en silencio por miedo, tristeza o dependencia emocional. Muchas veces el maltrato no deja marcas visibles, pero sí profundas heridas emocionales que deterioran su calidad de vida.
Por eso esta iniciativa representa un acto de justicia social. Significa reconocer que las personas adultas mayores merecen vivir con respeto, seguridad y bienestar. Significa también asumir, como sociedad y como Estado, la responsabilidad de protegerlos y garantizarles una vida libre de violencia.
Desde el Congreso tenemos la obligación de generar leyes que respondan a las necesidades reales de la gente, pero también debemos construir conciencia social. No basta con aprobar reformas si no transformamos la manera en que vemos y tratamos a nuestras personas mayores. Necesitamos recuperar valores fundamentales como el respeto, la empatía, la gratitud y la solidaridad.
México está viviendo un cambio demográfico importante. Cada vez habrá más personas adultas mayores y debemos prepararnos para ello con políticas públicas integrales, con mejores sistemas de salud, espacios de atención digna y mecanismos efectivos de protección. El envejecimiento no puede seguir acompañado de abandono o discriminación.
Esta lucha no tiene colores partidistas ni intereses políticos. Es una causa humana que nos debe unir a todas y todos. Defender a nuestros adultos mayores es defender la memoria, la experiencia y la historia viva de nuestro país.
Hoy, desde la Cámara de Diputados, queremos decirles a nuestras abuelitas y abuelitos que no están solos. Que hay quienes seguimos levantando la voz por ustedes, trabajando para garantizar sus derechos y construyendo un México más justo y más sensible.
Porque una sociedad que abandona a sus adultos mayores pierde parte de su humanidad. Y una nación que los protege demuestra grandeza, valores y respeto por su propia historia.
María Rosete



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