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La ruta hacia la primera presidencia femenina de México

La ruta hacia la primera presidencia femenina de México

Columnas miércoles 29 de noviembre de 2023 -

Rocío Barrera

Exdiputada federal, asesora de la AC Impulsa y colaboradora del STUNAM

El pasado 20 de noviembre, con el inicio de las precampañas presidenciales, dio comienzo una era significativa en la política mexicana, pues con las designaciones de la exjefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum de Morena y la senadora Xóchilt Gálvez del Frente Amplio por México –a pesar de la inclusión muy oportunista del gobernador neoleonés Samuel García por parte de Movimiento Ciudadano, para favorecer al actual régimen–, se perfila la posibilidad real de que, por primera vez, una mujer asuma la presidencia del país, lo cual se inscribe en un contexto global donde el liderazgo femenino ha tenido éxitos resonantes y retos notorios. El escenario parece romper barreras históricas y simbolizaría un cambio significativo en el panorama político nacional.

Sin embargo, también hay que decir que México se une tardíamente al grupo de países que han tenido mujeres en los más altos cargos, pues en el ámbito internacional varias han dejado su huella en la historia política. Ahí están, por ejemplo, Angela Merkel, Canciller de Alemania, quien se destacó por su liderazgo durante la crisis financiera europea y Jacinda Ardern, de Nueva Zelanda, elogiada por su gestión de la pandemia de Covid-19 y su política inclusiva. Ellen Johnson Sirleaf, la primera mujer presidente en África, lideró Liberia a través de un período de reconstrucción post-conflicto; recordemos también el paso de La Dama de Hierro, Margaret Thatcher, en el Reino Unido, quien se caracterizó por su mano dura y drásticos ajustes económicos. Indira Gandhi, como primera ministra de India, fue una figura central en la política del siglo XX y Golda Meir, de Israel, también dejó una huella significativa como una de las pocas mujeres líderes en el Medio Oriente.

América Latina no se ha quedado atrás y ha tenido líderes femeninas destacadas. Violeta Chamorro dirigió Nicaragua, marcando un cambio significativo en su historia política. Michelle Bachelet ocupó la presidencia de Chile en dos períodos no consecutivos, el primero desde 2006 hasta 2010 y el segundo de 2014 a 2018. Dina Boluarte hoy funge como presidenta de Perú, mientras que Xiomara Castro es la actual presidenta de Honduras, representando avances importantes en la región. Sin embargo, no todas las experiencias han sido positivas: la premier Theresa May enfrentó desafíos con el Brexit en el Reino Unido, Dilma Rousseff fue destituida en Brasil en medio de controversias, e Isabel Perón en Argentina vivió un periodo marcado por la inestabilidad, y profundas crisis económicas y políticas durante su gobierno.

La representación de las mujeres en la más alta esfera política puede tener un efecto significativo en la sociedad, sirviendo como inspiración y rompiendo estereotipos de larga data en la política mexicana. Y si bien podemos decir entonces que como mexicanas nos congratula posibilidad de que sea electa cualquiera de las dos candidatas en el proceso electoral federal del año próximo, es preciso considerar que la potencial elección de una mujer como presidenta en México no es tampoco una garantía de éxito gubernamental. No olvidemos que la eficiencia en la gestión pública trasciende géneros, como lo demuestran tanto líderes exitosos, como aquellos cuyas administraciones han sido criticadas, independientemente de su sexo.

Y en este tenor coincido con la analista Denise Dresser, quien ha reflexionado sobre la nominación de Xóchitl Gálvez y Claudia Sheinbaum como candidatas presidenciales, advirtiendo que el género por sí solo no garantiza una mejor gobernanza. Y alerta que, si ellas solo replican estrategias de administraciones masculinas anteriores, no estarían contribuyendo significativamente al avance del papel de la mujer en la política. Por ejemplo, muchos observadores consideran a Claudia Sheinbaum como una figura débil, eclipsada por otros actores más influyentes en Morena; se cuestiona su autonomía y capacidad de liderazgo independiente, considerándola más como una extensión de la voluntad de López Obrador que como una líder autónoma. Esta percepción la coloca como una figura central en la continuidad de la política actual y sin márgenes reales de acción. Y mientras Sheinbaum es vista como la candidata del poder, de Xóchitl Gálvez –“la outsider que amenaza con estremecer la contienda presidencial en México”, como la llamó el diario británico The Financial Times–, se pondera el hecho de que se ha forjado un camino político propio, destacando como senadora y política independiente. Esto plantea un contraste interesante en términos de mérito y autonomía entre las candidatas.

La realidad es que hay mucha incertidumbre y las elecciones y sus prolegómenos se presentan en un momento crítico para México, que enfrenta –sin solución aparente–, graves desafíos como la corrupción, violencia, y los faraónicos e inútiles proyectos gubernamentales, que gravitarán sobre las finanzas, al igual que la política ambiental y la respuesta al cambio climático, que seguramente serán temas cruciales, especialmente para un electorado cada vez más consciente y con un amplio sector juvenil. La participación activa y creciente de los jóvenes en la política –como ya se vio en Argentina luego del triunfo de Javier Milei–, es un indicador de un cambio generacional en las preferencias políticas. En México, esta tendencia podría ser determinante en las próximas elecciones, donde los candidatos deberán equilibrar las exigencias de un electorado joven más informado y exigente. El voto joven, por lo tanto, no solo es crucial en términos numéricos, sino también como un barómetro del cambio social y político en el país. Tampoco hay que olvidar que el mundo observa con interés el proceso electoral mexicano, consciente de su importancia estratégica en América Latina y su impacto en temas globales como la inmigración y el comercio.

Más allá de quién de las dos hipotéticamente pudiera triunfar en las elecciones, la posibilidad de tener una presidenta en México plantea asimismo grandes interrogantes sobre cómo el género podría influir en la política nacional, especialmente en un contexto históricamente dominado por figuras masculinas e inmerso en ese ilusorio escenario color de rosa, de cuentas alegres, como he dicho, en el que vive el presidente. De ahí que el resultado de las elecciones será crucial para el futuro del país y la próxima presidenta deberá enfrentar desafíos económicos y sociales profundos, incluyendo una creciente desigualdad, más pobreza y espinosos temas de seguridad pública, así como el complejo manejo de las relaciones con países como Estados Unidos y China, además de abordar temas regionales en América Latina.

En síntesis: nos enfrentamos a una realidad ineludible. El país está en la cúspide de un cambio potencialmente histórico y la casi segura elección de una presidenta no sería solo un hito nacional, sino un eco de los movimientos globales hacia una mayor inclusión de las mujeres en la esfera política. Empero, el éxito de tal liderazgo dependerá también de cómo la mujer que resulte triunfadora aborde los desafíos inherentes al puesto. Me atrevo a asegurar que la posibilidad de un cambio significativo a cargo de una presidenta, está en el horizonte, con desafíos y oportunidades que definirán el futuro del país en los próximos años, pero no hay que perder de vista que los desafíos y logros en la gobernanza, trascienden las cuestiones de género.

Exdiputada federal, asesora de la AC Impulsa y colaboradora del STUNAM.


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