Carissa Véliz, filósofa de la Inteligencia Artificial de la Universidad de Oxford, lanzó una advertencia contundente sobre nuestra creciente dependencia de la IA para anticipar el futuro. Provocadora, afirma que las predicciones, lejos de ser meros ejercicios de conocimiento o ciencia, son en realidad juegos de poder disfrazados de hechos.
Véliz comienza rescatando una anécdota histórica para ilustrar cómo la predicción ha sido siempre una herramienta de supervivencia y control. Luis XI de Francia tenía un astrólogo que predijo con exactitud la muerte de una dama de la corte. Temeroso de tal poder, el monarca decidió asesinarlo y, antes de dar la señal a sus guardias, le preguntó: “¿Cuánto tiempo vivirás?”. El astrólogo no buscó la verdad en las estrellas, sino en la psicología del poder y respondió: “Moriré tres días antes que Su Majestad”. El Rey, por miedo a su propio fin, nunca dio la orden de ejecución. Este "seguro de vida" basado en una predicción demuestra que predecir no es solo describir lo que vendrá, sino moldear la conducta de los demás.
Hoy hemos sustituido a los astrólogos por algoritmos, y advierte que existe una diferencia fundamental entre predecir el clima y predecir a las personas. Mientras que un pronóstico meteorológico no altera las nubes, una predicción social actúa como un imán que inclina la realidad hacia sí misma, convirtiéndose a menudo en una profecía autocumplida.
Denuncia que el uso actual de la IA predictiva, amenaza la democracia: Visiones como la de Larry Ellison (presidente de Oracle), quien vaticina un estado de vigilancia donde los ciudadanos se porten bien solo porque saben que los observan, no son descripciones de un mundo mejor, sino el anuncio de un nuevo autoritarismo.
Invisibiliza también la injusticia: Al basarse en el futuro y no en hechos pasados verificables, las predicciones algorítmicas crean un mundo "kafkiano". Si se deniega un préstamo basado en una predicción, el afectado no puede refutarla porque la predicción es, por definición, infalsificable e inverificable en el presente.
Véliz sostiene que los "profetas" tecnológicos obtienen su poder de quienes creen ciegamente en ellos. Para ilustrar la importancia de desafiar estos pronósticos sombríos, recurre a la icónica figura de Joe Frazier en su combate de 1971 contra Muhammad Ali. Mientras que éste predijo con absoluta confianza su propia victoria, Frazier no aceptó esa predicción pero la tomó como una provocación, se rebeló contra el guion establecido y terminó derrotando al invicto Ali.
Véliz propone que encontremos nuestro "Joe Frazier interior" ante las predicciones tiránicas de la tecnología. La incertidumbre, más que temible, es la prueba de que el futuro no está escrito y de que somos nosotros, como agentes con voluntad propia, quienes tenemos la última palabra. La verdadera libertad reside en reconocer que no sabemos qué nos depara el mañana y actuar con la valentía necesaria para construirlo nosotros mismos.