El panorama político colombiano se encuentra en una coyuntura compleja y bajo la observación de la Organización de Estados Americanos (OEA) y otros 1,200 de la Unión Europea, Centro Carter e Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral quienes permanecerán hasta el próximo 22 de junio durante la celebración de la segunda jornada electoral (ballotage) en los departamentos Nariño, Valle de Cauca, Sucre, Bolivar Antioquia.. Para analizar el rumbo de este proceso electoral, los hilos de poder que se mueven detrás del ballotage y las perspectivas del actual proyecto de gobierno, ContraRéplica conversó con el hermano del presidente Gustavo Petro y activista social Juan Fernando Petro, quién advirtió: “solo un Pacto Histórico evitará el caos en mi país”.
Desde su perspectiva ¿cuál cree que sea el motor de cambio o de resistencia víspera del ballotage del 22 de junio?
El verdadero motor es la búsqueda incesante de las regiones históricamente olvidadas por expresarse. Lo que vemos no es solo una disputa de partidos tradicionales, sino un choque entre la Colombia periférica, que exige paz y presencia del Estado, y los sectores que temen perder los equilibrios tradicionales de poder. En las urnas hoy se refleja esa profunda polarización, pero también una urgencia de reformas estructurales.
¿Cómo se logra mantener la gobernabilidad o legitimar un resultado electoral en un ambiente de tanta fragmentación?
La legitimidad no se agota en el conteo de votos en las urnas; se construye en el día a día, cumpliendo las promesas de justicia social. La fragmentación es una realidad, y el gran reto del gobierno de Gustavo Petro y de las fuerzas que lo respaldan es demostrar que el cambio no es sinónimo de caos. Hay que tender puentes con los sectores productivos y la oposición constructiva, pero sin traicionar la agenda de paz y equidad por la cual la gente votó.
¿Cómo interpreta el concepto de la "Paz Total" y cómo este se conecta con el apoyo político en los territorios y de qué manera el resultado del ballotage impulsará o detendrá esa agenda de pacificación?
Las elecciones locales y nacionales siempre dictan el ritmo de la paz. Si los liderazgos regionales no están sintonizados con el diálogo y la sustitución de economías ilícitas, la paz se queda en un escritorio en Bogotá. El ballotage demuestran que los territorios quieren estabilidad, pero exigen inversión social inmediata. La paz total necesita respaldo político, pero sobre todo, que el Estado llegue antes que la violencia.
Con un mapa político tan fragmentado, ¿cómo vislumbra que el proyecto nacional del Pacto Histórico pueda consolidar sus reformas estructurales sin desdibujar su identidad en la negociación política?
Ese es el gran arte de la política pues no se trata de ceder en los principios inamovibles como la justicia social o la transición ecológica, sino de entender que las reformas no avanzan a base de decretos unilaterales, sino de acuerdos nacionales robustos. El reto es dialogar con alcaldes, gobernadores y legisladores de diferentes corrientes sin perder el norte porque la identidad del proyecto no se desdibuja si el resultado final beneficia a la gente de a pie.
¿Contempla un espacio para un debate democrático pacífico o nos dirigimos a una judicialización y polarización radical de la política?
La oposición tiene un papel legítimo y necesario en cualquier democracia pero peligro radica cuando la estrategia pasa de la crítica constructiva y el debate de ideas a la desestabilización institucional o la narrativa del miedo absoluto. Creo que emergerá un sector radical que buscará la polarización extrema a través de los tribunales y los micrófonos, pero también confío en que surjan liderazgos de centro y derecha dispuestos a debatir con cifras en la mano. La madurez de Colombia dependerá de que los conflictos se resuelvan en los espacios institucionales y no en el sabotaje que arrojaría el ballotage.
¿Cómo incidirá el mensaje del ballotage en la agenda de liderazgo regional y la credibilidad internacional del país frente a sus socios en la región y el mundo?
Si Colombia logra demostrar que, a pesar de sus tensiones internas, puede procesar sus diferencias democráticamente y mantener la estabilidad económica y social, el liderazgo regional se fortalecerá. Nuestra política exterior, basada en la defensa de la vida y la transición energética global, necesita de un apoyo interno sólido. Los resultados demuestran que el camino no es lineal ni sencillo, pero la comunidad internacional valora que Colombia siga siendo un faro de audacia política en una América Latina que busca desesperadamente su propio rumbo.