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Los trumpistas

Los trumpistas

Columnas viernes 08 de enero de 2021 - 00:24

Al liberalismo nacido en la Inglaterra ilustrada, debemos tal cantidad de beneficios que hoy forman parte de nuestra cotidianidad. La filosofía política ideó el sistema de división de poderes; el reconocimiento de la inviolabilidad de la individualidad humana, ya sea en su cuerpo, ideas, credo y propiedad, fundamentando los principios de los derechos humanos. Insignes nombres como Adam Smith o John Locke, trascendieron de tal manera, que inevitablemente conformarían el pensamiento que establecería los principios liberales de la constitución estadounidense: Madisson, Hamilton, Adams, Jefferson, Franklin… son los padres de la mayor obra de arte creada por la filosofía: el sistema constitucional moderno.

La naturaleza del liberalismo, fundado en su excesivo apego al materialismo, curiosamente ha tendido a generar, no en los grandes filósofos, sino en ideólogos o incluso, científicos y gobernantes, no tan conocedores de los principios filosóficos que crearon su pensamiento, un menosprecio al cultivo del espíritu, degradándose hasta lo que en nuestros días es un menosprecio a las humanidades, cuando el sustento del liberalismo es, paradójicamente, parte de ellas. No queda esto en una discusión académica, por desgracia, degenera en políticas tan nefastas como aquellas que eliminan el aporte crítico de las humanidades, fundamental para la subsistencia de los sistemas democráticos. No podemos vivir en libertad, si el grueso de la población no tiene elementos objetivos para informarse y juzgar los actos de sus gobernantes, son presa fácil del carisma y la demagogia.

El proceso de desculturización de la población occidental, se ha acrecentado peligrosamente con el advenimiento de una interpretación que ha antepuesto los intereses lucrativos. Generaciones enajenadas por economistas como M. Friedman, denunciados públicamente por J. Stiglitz en The end of neoliberalism and the rebirt history (2001), nos alerta de los peligros del daño a los derechos laborales, en pos del beneficio de unos pocos dueños consolidados como los poseedores del mundo, a costa de la pauperización de las mayorías, paradójicamente, más evidente en las sociedades ricas, otrora exitosas en la génesis de clases medias gracias al fortalecimiento del estado de derecho, conjunto a una política responsable de estado de bienestar, hoy agonizantes.

No nos debe de extrañar el éxito del discurso trumpista, y el apasionamiento de las masas hacia el mensaje del líder, inducidos al crimen como lo hemos visto en el asalto al capitolio en Washington. Las mayorías enajenadas y acríticas, son la escoria de un producto generado por el liberalismo pecuniario que, olvidando, e incluso, menospreciando como Friedman lo ha dicho, todo lo que no genere beneficios a los poseedores, ha degradado la calidad educativa, apostando por una formación meramente técnica, que no les ha permitido entender las causas del declive de las clases medias, o de la pobreza, cayendo rendidos a los discursos mesiánicos.

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/CR

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