Nuestro país vive en la angustia de un presente sin la visión de a donde iremos después del “ÓRDEN ROTO” en lo internacional. Antes las naciones pobres participaban de las migajas del orden establecido. Pero el mandón ha dado instrucciones para que las migajas se las pongan “para llevar”.
Lo expresó claramente el Premier de Canada, el Sr. Carney en Davos la semana anterior:
“Es imposible “vivir en la mentira” de un beneficio mutuo gracias a la integración cuando esta se convierte en la fuente de tu subordinación. Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era en parte falsa. Que los más poderosos se saltarían las normas cuando les conviniera. Que las normas que regulan el comercio se aplicaban de forma asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con mayor o menor rigor según la identidad del acusado o la víctima.”
El mundo gobernado por la cantidad de Kakistócratas que hoy mandan nos ha impedido observar lo que está pasando y el retroceso que las grandes potencias han aplicado en el ORDEN ECONÓMICO Internacional hasta ahora vigente sin objeción alguna.
Llegó Trump y decidió tomar las naciones y relaciones como “sus cosas” y modificar las “reglas del juego” como tomaba sus juguetes cuando era un niño: a su absoluta voluntad y antojo.
Y ese “órden mundial”comenzó mostrar sus profundas fracturas porque ningún organismo de intermediación y defensa de lo inadecuado pudo o quiso y pudo poner orden sobre la mesa.
Quienes vivimos los años setenta y tenemos memoria recordamos al G77 (Grupo de 77 paíse, la OPEP e incluso la ONU) que apoyados por las Naciones Unidas plantearon la necesidad de un NUEVO ORDEN ECONÓMICO INTERNACIONAL que produjera relaciones de equidad entre el comercio realizado entre dispares (naciones ricas y poderosas y países en vías de desarrollo o pobres). Quedamos en platicarlo y ese momento nunca llegó.
No se hizo porque ante la caída del muro de Berlín y el derrumbre del orden bipolar se abrió la puerta para que algunas naciones de alcance económico medio pudieran subirse a la mesa con los platillos que dejaron las naciones poderosas que sí fueron capaces de organizar el “nuevo” orden económico mundial como parte de sus acuerdos y no como parte de un consenso más amplio en el que participaran el concierto de las naciones medias y pobres.
Con esas sobras sobre la mesa nadie dijo nada hasta que Trump llegó para retirarlas y violentar los propios acuerdos que su país articuló gustoso y con ventajas. Pero uno es el mundo con migajas y otro sin ellas.
Carney, Premier de Canadá, que ha ganado un liderazgo internacional sin siquiera procurarlo, ahora apunta la visión de los países no poderosos pueden en la honestidad, articular un orden relacionado más con la equidad y principios básicos del derecho de los hombres. Esto apenas comienza y en el “entretanto” vale recordar un asunto básico para México.
Nuestro país sostiene 14 Acuerdos de Libre Comercio con 50 países, 32 Acuerdos para la Protección Recíproca y 9 Acuerdos de Alcance Limitado. Negociamos a las prisas algún acuerdo con India y Corea y Japón se forman en la fila en el conocimiento de que nuestro gobierno tiene margen muy limitado para no hacer lo que Estados Unidos quiere que hagamos. Somos los campeones del mundo en materia de acuerdos y puertas y ventanas abiertas pero el 83% de nuestro comercio va a un solo mercado que está cruzando una frontera. Algo estamos haciendo mal.
La correa la tenemos corta, hay que reconocerlo. Y tenemos que definir si vamos a estar en la mesa o formaremos parte del MENÚ.