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Mucho ruido y cero nueces

Mucho ruido y cero nueces

Columnas martes 31 de marzo de 2020 - 01:59


Al menos desde el año 2008 no había existido tanto consenso en el mundo en que sobreviene una situación económica muy complicada para todos los países. Lo que se debate actualmente es el detalle; cuánto durará, si se tratará de una recesión o una depresión como las clásicas del siglo XX; si la cooperación económica global sucederá o, como en el caso de las medidas sanitarias, seguirá prevaleciendo un enfoque nacionalista, aislacionista y de hostilidad hacia los extranjeros.
El caso de México es especialmente complejo por varias razones. En primer lugar, se optó por un modelo que la OMS ha denominado de vigilancia epidemiológica (ya lo tenía contemplado desde hace mucho tiempo) en lugar de por uno de pruebas masivas y contención de casos aislados. Es un enfoque realista en dos sentidos. En primera, porque en una enfermedad de este tipo, con este grado de contagio de persona a persona, con un periodo asintomático tan largo, no se pueden aislar todos los casos (como ocurre con el cólera o la malaria, por ejemplo, donde los vectores y modos de contagio son diferentes) y porque la única manera de garantizar que se tienen localizados todos los contagios es haciendo 120 millones de pruebas, y ese número ni existe en el mundo.
Pero es también es preocupante lo que está sucediendo en el espacio público, sobre las secuelas económicas. Los pocos documentos de trabajo que existen son elaborados por personas e instituciones que, sin prejuzgar sobre sus intenciones, tienen intereses creados muy identificables, como bancos, calificadoras internacionales o think tanks pertenecientes a un partido político.
Constituyen información digna de ser estudiada pero no de convertirse en la verdad oficial sobre el manejo de la crisis, pues sería ingenuo pensar que, por ejemplo, un Banco Español está más interesado en defender los derechos de los trabajadores en México que sus propios intereses económicos. Además, sus gobiernos, donde tienen su matriz, quedarían como verdaderos paletos si resulta que se pudo contener la enfermedad sin necesidad de arrestar personas porque estornudaron o salieron a caminar. También están salvando cara a la estrategia de sus países.
Lo peor: los análisis periodísticos (y sé que estoy escupiendo al cielo). Casi todos se limitan a decir que el daño será “inimaginable”, y lo convierten en una bandera más de oposición política para el presidente, gobernador o alcalde al que se quiera atacar. Esta calamidad sanitaria es un argumento más para “demostrar” que tal político no puede o no sabe. Nada de eso es útil para paliar los efectos de la crisis sanitaria ni económica. Vivimos una emergencia sanitaria, pero nuestra clase política y periodística, se inserta más en la tradición del terror cósmico. Y no, no es un halago.’

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/CR

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