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No entiendo a Sánchez Cordero

No entiendo a Sánchez Cordero

Columnas miércoles 19 de junio de 2019 - 02:22

Cuando me enteré de que mi excompañera en la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, Olga Sánchez Cordero, sería la secretaria de Gobernación pensé que la política interna del país sería más sensible y, sobre todo, apegada siempre al estado de Derecho del que tanto hablan los abogados. Olga significaba la esperanza de darle un cambio total a la dependencia que por décadas había ostentado todo el poder después del que tenía el presidente de la República.

No entendía, sin embargo, como era que la exministra en retiro había aceptado tal responsabilidad cuando ni siquiera era conocida de Andrés Manuel López Obrador, mucho menos cercana a él. Sánchez Cordero llegó a la Asamblea Constituyente vía designación del entonces presidente de la República, Enrique Peña Nieto, con quien había hecho amistad fungiendo como ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Se la debía a él, a Peña Nieto, la posición de diputada constituyente y se mantuvo durante los cuatro meses que duraron los trabajos constituyentes como la enviada del peñismo.

Nunca que yo sepa, el ahora Presidente de México, López Obrador, tuvo trato respetuoso con la exministra, al contrario, Olga fue duramente criticada por el tabasqueño por el elevado salario que percibía como magistrada, además de ser señalada por su actuación en varios casos que requerían justicia plena: uno de ellos el de la francesa Florence Cassez a quien defendió hasta dejarla libre.

Han pasado los meses desde que Sánchez Cordero sorpresivamente fue presentada por el titular del Ejecutivo federal como la flamante secretaria de Gobernación que, en los hechos, era todavía en el gobierno de Peña Nieto la posición más importante para los políticos que aspiran a brincar a la presidencia de la República.

Olga es secretaria de Gobernación porque así lo dice su nombramiento; la realidad es que la estudiada abogada y notaria está totalmente disminuida, no tiene ninguna facultad que presumir, el Presidente López Obrador empezó quitándole la responsabilidad de la seguridad interna para pasársela a Alfonso Durazo, hoy secretario de Seguridad Pública federal.

El Presidente le impuso a los subsecretarios, sólo uno de ellos sigue en la dependencia: Alejandro Encinas, que tiene la difícil tarea de defender los derechos humanos que, para ser sinceros, no le interesan al primer mandatario de la nación.

Actualmente Sánchez Cordero debe lidiar con la presencia del canciller Marcelo Ebrard, a quien el Presidente López Obrador le dio el mando y poder para ver y solucionar todo lo referente a la migración. Ante esta embestida presidencial, uno de los allegados a Olga, Tonatiuh Guillén renunció a la dirección del Instituto Nacional de Migración y quedó en su lugar un cercano al Presidente: Francisco Garduño que estaba de jefe de los reclusorios federales.


•Egresada de la escuela de PCSG. Exdiputada
constituyente. Defensora de los animales y fundadora
de "Ángeles Abandonados".

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/CR

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