Mientras en los escritorios gubernamentales se presumencifras de crecimiento, récords de exportación y discursos sobre soberanía alimentaria, en los ejidos, ranchos, parcelas y unidades de producción pecuaria de México se escucha una conversación muy distinta. El sentir real de miles de productores agropecuarios es una mezcla de incertidumbre, cansancio y preocupación por el futuro.
La realidad del campo mexicano no puede medirse únicamente por las exportaciones o por el valor agregado de la agroindustria. También debe medirse por la rentabilidad de quien siembra, cosecha y produce alimentos.
Y es que, si revisamos los últimos siete años, encontramos dos Méxicos rurales. Por un lado, la producción agropecuaria y pesquera nacional creció alrededor de 4.7 entre 2018 y 2023 y se alcanzó una balanza agroalimentaria superavitaria, con niveles históricos de exportación, colocando al país entre los principales proveedores mundiales de alimentos.
Sin embargo, ¿ese crecimiento llegó realmente al bolsillo de quien produce? La respuesta, en buena parte del país, es no.
Por el contrario, los costos de producción se dispararon. Fertilizantes, semillas, energía eléctrica, diésel, transporte, maquinaria y financiamiento registraron incrementos significativos. Al mismo tiempo, la canasta básica aumentó más de 43% durante el sexenio anterior, afectando tanto a productores como a consumidores rurales.
El pequeño y mediano productor enfrenta, además,problemas estructurales que no se han resuelto: falta de financiamiento accesible, insuficiente infraestructura hidráulica, limitada tecnificación, envejecimiento de la población rural y una creciente inseguridad en regiones agrícolas y ganaderas.
La sequía agravó aún más el panorama. Durante 2024 una parte importante del territorio nacional enfrentó condiciones severas que impactaron rendimientos, disponibilidad de agua y superficie cultivada. El propio gobierno federal reconoció afectaciones relevantes en la actividad primaria.
Ahora, bajo el inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum, los productores observan con atención las señales que definirán el rumbo de los próximos años.
Si bien la presidenta ha impulsado una narrativa centrada en la soberanía alimentaria y en la protección del maíz nativo, la realidad productiva muestra una contradicción preocupante: México continúa aumentando su dependencia de importaciones de granos, especialmente maíz amarillo utilizado para la alimentación pecuaria y la industria.
Diversos análisis del mercado muestran que el país se ha convertido en uno de los mayores importadores mundiales de maíz. Ahí se encuentra uno de los grandes retos de los próximos siete años.
Por ello, no basta con proteger semillas; se requiere elevar la productividad; no basta con discursos de autosuficiencia, se necesita infraestructura; no basta con programas sociales, se requiere una política productiva. La pregunta fundamental es quién debe resolverlo y la respuesta no es exclusiva del Gobierno federal, la responsabilidad recae en tres actores.
Primero, el Gobierno de la República, que debe recuperar una visión integral del desarrollo rural, fortalecer la sanidad animal y vegetal, ampliar la infraestructura hídrica, garantizar seguridad en zonas productivas y facilitar financiamiento competitivo.
Segundo, los gobiernos estatales, que deben dejar de ver al campo como una fuente de votos y comenzar a tratarlo como un motor económico estratégico.
Y tercero, las organizaciones de productores, que necesitan evolucionar hacia esquemas más eficientes de comercialización, innovación tecnológica y asociación.
El productor mexicano no pide privilegios, pide condiciones para competir. Porque detrás de cada tonelada exportada existe una familia rural que enfrenta riesgos climáticos, financieros, sanitarios y de seguridad, que pocas actividades económicas soportan.
El futuro agroalimentario del país no dependerá de los discursos políticos. Dependerá de la capacidad de transformar los récords estadísticos en bienestar real para quienes producen los alimentos que llegan todos los días a la mesa de los mexicanos.
Luis P. Cuanalo
@luiscuanalo
Presidente del Colegio de Ingenieros Agroindustriales de México, A.C. (CIAGROIN).
Empresario del sector agroindustrial.
CANACINTRA Sector agroindustrial.