Esta semana que termina el gobierno de Estados Unidos declaró una guerra frontal contra la que es quizás en este momento la mayor organización criminal del mundo, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y su actual líder, quien sustituyó al abatido Nemesio Oseguera Cervantes, alias "Mencho". Es quizás el principio del fin toda vez que como hemos visto en otras ocasiones, una vez que el gobierno estadounidense asume a un enemigo, no lo deja hasta exterminarlo o cuando menos reducirlo a su mínima expresión.
Lamentablemente, esta organización criminal es mexicana, opera en nuestro país, tiene sus raíces en territorio mexicano y para vergüenza nuestra ha trascendido fronteras, algo que de ninguna manera debe llenarnos de orgullo.
Dejemos por un momento los porqués: Por qué este cártel creció a tal grado como para convertirse en un referente mundial; Por qué no hicieron nada los gobiernos anteriores de todos los olores colores y sabores para impedirlo (Nació aparentemente bajo la gestión de un gobierno federal panista, se consolidó aún más con un gobierno priista y creció a niveles insospechados y a base de puros abrazos bajo la gestión de un gobierno morenista); Por qué la sociedad ha permanecido impávida, por no decir que en algunos casos incluso hasta cómplice ante estos delincuentes; y una larga lista de Porqués.
Veamos en este momento la oportunidad histórica que se presenta para México de acabar, o cuando menos reducir a su mínima expresión a esta organización criminal, y a varias más, que han dañado a nuestro país como nunca nadie lo había hecho. La sangre ha corrido a raudales en territorio nacional gracias a estas organizaciones, y lo hemos normalizado de tal manera que hoy día ya prácticamente no es nota una masacre, ni muchas de las barbaridades que estos criminales realizan un día sí y otro también en nuestro país.
Su sola actividad, sin que derramaran sangre, es absolutamente cuestionable porque envenenan a México y también a los consumidores de su porquería en otros países; han envenenado a miles o quizás millones de seres humanos, de compatriotas. ¿Cuántos doctores se habrán echado a perder por la porquería que venden, licenciados, científicos e incluso premios nobel?, la respuesta nunca la conoceremos, pero el daño es incalculable.
"Cooperación sí, pero sin subordinación", dice la jefa de estado, y así debe ser, nadie en su sano juicio podría decir lo contrario; solamente que hay formas de cooperar todavía más y acabar lo más pronto posible con este cáncer que tiene México.
Nadie le pide a la presidenta que permita la intervención de una fuerza o un gobierno extranjero en México, como tampoco lo han hecho otros presidentes cuando menos en la era moderna, aunque miente la propia mandataria afirmando lo contrario.
Pero, esta declaración de guerra del estado estadounidense debería ir acompañada de más y mejores acciones de este lado, no esperar a que desde Estados Unidos nos comparta inteligencia para ir y abatir a algún criminal de altos vuelos, en México todo se sabe, todos saben quién es quién, su mentor lo dijo una y mil veces:"el presidente todo lo sabe".
Al final, nadie es más grande que el estado, hoy se presenta una oportunidad histórica para reducir los niveles de criminalidad en el país como no se ha visto en décadas, quizás en más de un siglo. Ojalá y no se desaproveche, porque las futuras generaciones no lo perdonarán, y probablemente estos grupos criminales tampoco.