El pasado 21 de septiembre se conmemoraron 475 años de la expedición de la Cédula Real que creó la Real y Pontificia Universidad de México, el antecedente de la actual UNAM. Desde aquel lejano 1551, la Universidad ha sido un referente tanto nacional como internacional en numerosas áreas y ramas del conocimiento.
Con motivo de este importante aniversario, en esta ocasión me gustaría hacer un breve recuento de la trayectoria de, y lo digo con mucho orgullo, mi universidad: la máxima casa de estudios del país.
Para 1553, durante el gobierno del Virrey Luis de Velasco, la Universidad por fin abrió sus puertas. En un inicio contó con siete cátedras: artes, cánones, escritura, gramática, leyes, retórica y teología.
Durante la época de la independencia, debido a que el rey de España había dejado de tener soberanía sobre el país, la Universidad pasó a llamarse Universidad Nacional y Pontificia y posteriormente Universidad de México.
En 1833, el Vicepresidente de la República Mexicana, Valentín Gómez Farías suprimió la Universidad de México para establecer, en su lugar, a la Dirección General de Instrucción Pública para el Distrito y Territorios Federales. No obstante, la Dirección tuvo una corta vida. Para 1834, el presidente Santa Anna reestableció la Universidad.
A los pocos años, en 1857, el presidente Comonfort suprimió de nueva cuenta a la Universidad de México. Al año siguiente, el presidente Félix Zuloaga la reestableció junto con unas bases para la reorganización universitaria.
Mientras Maximiliano de Habsburgo en 1865 gobernó al país, la Universidad fue eliminada definitivamente.
Para 1867, Gabino Barreda estableció la Escuela Nacional Preparatoria. Su plan de estudios estaba fuertemente inspirado en las teorías y propuestas del filósofo Augusto Comte.
Ahora bien, los antecedentes inmediatos de la actual universidad se remontan al año de 1881 cuando Justo Sierra presentó un proyecto a la Cámara de Diputados, que no tuvo el éxito esperado durante varios años.
No fue sino hasta 1910, cuando Sierra ya como Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, que mediante un decreto expedido por el Gobierno Federal el 26 de mayo de 1910, se creó e inauguró la Universidad Nacional de México.
Bajo la administración del Presidente Portes Gil, se promulgó en 1929 la primera Ley Orgánica de la Universidad Nacional de México. De esta manera, se le dio autonomía a la institución.
Para 1954, con el Presidente Alemán, la Universidad cambió su sede principal a la entonces recién construida Ciudad Universitaria.
A la Universidad hay que celebrarla y reconocerla hoy y siempre. Aquellas personas que tenemos el privilegio de pertenecer a esta gran institución le debemos mucho; llámese educación, nuevas oportunidades o amistades. Espero, a lo largo de mi vida, poder devolverle, aunque sea un poco, algo de todo lo que me ha dado la UNAM.
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