Cuando las luces se apagan y los motores de la Fórmula 1 despiertan al Autódromo Hermanos Rodríguez, la mirada de miles de aficionados se concentra en los monoplazas. Todo ocurre a más de 300 kilómetros por hora: rebases, frenadas al límite, estrategias y una carrera que parece resumirse en lo que sucede sobre el asfalto.
Pero mientras el espectáculo reclama todas las miradas, hay un grupo que trabaja precisamente para que nada ocurra.
Son los oficiales de safety, una fuerza de alrededor de 70 elementos que durante el Gran Premio de la Ciudad de México se convierte en una suerte de sistema nervioso del circuito. No buscan protagonismo, no esperan aparecer en las pantallas y, en buena medida, su éxito consiste en que el público nunca se entere de aquello que lograron evitar.
“Nosotros vemos lo que otros no ven”, resume Guillermo Huesca, director de safety del Gran Premio de la Ciudad de México. La frase parece sencilla, pero explica una tarea que exige observar el escenario completo y no solamente la pista.
Su trabajo comienza mucho antes de que el primer automóvil salga del garaje. El circuito debe ser revisado, los accesos vigilados y las zonas restringidas supervisadas. Gradas, vallas, escapes, carriles de servicio y puntos estratégicos del trazado forman parte de un tablero en el que cada elemento debe permanecer bajo control.
La lógica es distinta a la del espectador. Mientras el aficionado busca al piloto que está peleando por una posición, el oficial de safety puede estar pendiente de una acreditación sospechosa, de alguien que intenta ingresar a un área prohibida o de cualquier condición que pueda convertirse en un problema.
Incluso la fauna entra en su radar.
En un Gran Premio, un detalle aparentemente menor puede adquirir dimensiones importantes en cuestión de segundos. Por eso la filosofía que guía a este equipo podría resumirse en una idea tan sencilla como exigente: el mejor incidente es el que nunca sucede.
Esa concepción fue tomando forma desde el regreso de la Fórmula 1 a la Ciudad de México, bajo el impulso del ingeniero José Abed y con la formación y capacitación de la unidad a cargo de OMDAI Sport México. Con los años, el concepto dejó de ser una reacción ante los incidentes para convertirse en una estrategia permanente de prevención.
Y ahí está quizá la diferencia más importante.
Safety no significa únicamente intervenir cuando algo sale mal. Significa anticiparse. Leer el comportamiento de miles de personas, identificar vulnerabilidades, reconocer una situación anormal y actuar antes de que se transforme en una emergencia.
La dimensión de esta tarea explica también por qué se trata de una operación poco común dentro de la Fórmula 1. De acuerdo con la información de la organización, una estructura semejante encuentra referentes principalmente en los Grandes Premios de Inglaterra y Australia.
En México, además, existe un ingrediente que no puede ignorarse: la experiencia acumulada.
Huesca reconoce que una parte importante de su equipo lleva años participando en el operativo. Aproximadamente la mitad de los oficiales cuenta con experiencia de ediciones anteriores. Eso permite que el conocimiento del circuito, sus rutinas y sus puntos sensibles no tenga que comenzar de cero cada temporada.
Pero la experiencia también trae una obligación: no bajar la guardia.
“Cada vez es más difícil porque tienes que mantener la varilla donde la dejaste el año pasado”, explica Huesca. La expresión revela una paradoja de este trabajo: hacer que un operativo altamente complejo parezca sencillo para quienes están del otro lado de la valla.
El público llega para ver una carrera. Los oficiales llegan para cuidar todo lo que hace posible esa carrera.
Protegen el perímetro, supervisan accesos, colaboran en el resguardo de los monoplazas y trabajan junto con el personal de seguridad del inmueble. Su campo de acción no termina cuando termina el pavimento. El Gran Premio es, para ellos, un territorio de 360 grados.
Quizá por eso su labor tenga algo de paradójico. En un deporte construido alrededor de la velocidad, ellos trabajan con paciencia. En un espectáculo dominado por el ruido de los motores, necesitan escuchar las señales silenciosas del riesgo. Y en una competencia donde todos quieren adelantarse a los demás, su principal objetivo es adelantarse a los problemas.
Cuando la carrera termine, los reflectores volverán a enfocarse en los pilotos, los podios y los trofeos. El público recordará las maniobras, las estrategias y quizá algún incidente ocurrido en pista.
Los oficiales de safety, en cambio, probablemente medirán su jornada por todo aquello que no ocurrió.
Setenta elementos. Miles de personas dentro del inmueble. Un circuito convertido durante un fin de semana en una pequeña ciudad que debe funcionar con precisión.
Y detrás de esa aparente normalidad estarán ellos, los guardianes invisibles del Gran Premio: observando, anticipando y actuando.
Porque en la Fórmula 1, donde todos compiten contra el reloj, hay quienes tienen una misión diferente: conseguir que el tiempo avance sin que el peligro se adelante.