Igual que cuatro millones de niños mexicanos radicados en la Ciudad de México menores de 15 años en la década de los 80´s que estuvieron expuestos a emisiones altamente tóxicas, por el alto contenido de plomo (en microgramos por metro cúbico) en aquélla “gasolina Nova” (producida por Petróleos Mexicanos, que le agregaba el antidetonante tetraetilo de plomo) que contenía cerca de 0.7 a 0.9 gramos de plomo por litro/gasolina lo que equivale aproximadamente a 700 y hasta 900 partes por millón (dentro del líquido). En aquéllos años los automotores (autos/camiones) no contaban con filtros ni convertidores catalíticos, por lo que el plomo salía directamente en forma de partículas finas formando parte de estas emisiones tóxicas que respirábamos los capitalinos. Los valores de plomo en el aire alcanzaban niveles alarmantes entre 3.0 y más de 4.0 microgramos por metro cúbico, cuando el límite máximo permisible de la norma aplicable en aquéllos momentos era de 1.5 microgramos por metro cúbico de plomo (promedio/período de tres meses). Esto significa que los habitantes de la capital respirábamos concentraciones de este metal neurotóxico que duplicaban o triplicaban el límite de seguridad. Los altos niveles de plomo en el aire provocaron que gran parte de la niñez registrara concentraciones peligrosas de plomo en sangre. Pemex tuvo que producir la “gasolina Magnasin” (sin plomo) en 1990. Simultáneamente se decretó el uso obligatorio de los convertidores catalíticos, logrando erradicar por completo el plomo de las emisiones, hasta 1997.
La película “Los niños de plomo” (que actualmente se exhibe en la plataforma más famosa) está basada en la historia real de la pediatra Jolanta Wadowska-Król, quien descubrió una epidemia masiva de envenenamiento por plomo en niños (durante la época de la Polonia comunista en los años 70s) por las emisiones de una planta industrial metalúrgica ubicada en Szopienice en la ciudad de Katowice (región de Alta Silesia), Polonia, denominada Huta Metali Nieżelaznych Szopienice (anteriormente fue la planta de metales no ferrosos de Szopienice, que producía zinc). Estas antiguas instalaciones metalúrgicas en esa zona operaron durante más de un siglo desde el siglo XIX, pasando por la nacionalización tras la Segunda Guerra Mundial, renombrándose oficialmente como planta de metales no ferrosos en 1972 y manteniéndose activa hasta su cierre definitivo en 2023).
En 1974, la joven médica encuentra que los niños del barrio industrial (específicamente del conjunto residencial Targowisko, ubicado muy cerca de las chimeneas de la fundición) presentaban una fatiga extrema, problemas neurológicos y síntomas graves que al principio confunden con anemia. Descubre que los niños sufren de saturnismo grave debido a las partículas de plomo y metales pesados arrojados sin control por la fábrica al aire ambiente junto a las viviendas. En la Polonia socialista, las fábricas eran el máximo símbolo del orgullo y progreso nacional. Por lo tanto, el régimen comunista intentó silenciar el peligro sanitario para no admitir fallas del Estado.
Carlos Álvarez Flores, Presidente de México, Comunicación y Ambiente, A.C. Experto en Gestión de Residuos y Cambio Climático www.carlosalvarezflores.com
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