Hay restaurantes que uno recuerda por un platillo extraordinario. Otros, por un postre inolvidable. Pero, de vez en cuando, aparece uno que permanece en la memoria por algo mucho más difícil de lograr: hacerte sentir en casa.
Eso fue exactamente lo que viví hace unos días en Trillo, el restaurante del chef Andrés Trillo, ubicado en la colonia Roma de la Ciudad de México. Llegamos en familia, para celebrar el Día del Padre, y apenas vieron entrar a mi papá acompañado de sus hijas y yernos, el equipo del restaurante apareció con una copa de vino espumoso para brindar por él. Nadie lo pidió. Nadie lo anunció. Simplemente observaron el momento y decidieron hacerlo todavía más especial. Ese tipo de detalles, que parecen pequeños, son los que distinguen a un restaurante que entiende que la hospitalidad es un ingrediente preciado.
Trillo abrió sus puertas en 2022 con una propuesta que combina técnica francesa, ingredientes mexicanos y una cocina contemporánea. El chef Andrés Trillo, después de formarse en algunas de las cocinas más importantes del país, creó un espacio donde la alta cocina pudiera sentirse cercana, sin solemnidad ni pretensiones. Y lo consiguió.
Esa filosofía también se refleja en el servicio. Los meseros aparecen justo cuando deben hacerlo y nos regalan espacio cuando la conversación merece continuar. Están atentos sin invadir, conocen cada plato y transmiten una calidez que hoy resulta poco común. Incluso el propio chef salió a saludar las mesas con una sencillez que habla tanto de la persona como de su cocina.
La comida estuvo a la altura de esa bienvenida. La sopa de cebolla abrió la tarde abrazando el estómago y el corazón. El Parmentier de short rib fue, sin duda, el plato ganador: carne cocinada lentamente, un puré sedoso y una salsa que invitaba a no dejar una sola gota en el plato. El Schnitzel de ternera, acompañado de huevo perfecto y trufa fresca, confirmó el gran nivel de ejecución de la cocina. Y el panqué de aceite de oliva, servido tibio con helado de vainilla y caramelo, fue el cierre ideal para una comida que, más que sorprender, hizo feliz.
A ello se suma una carta de vinos amplia, bien seleccionada y con opciones para distintos gustos y presupuestos, que complementa una experiencia donde cada detalle parece pensado para que el comensal solo tenga que hacer una cosa: disfrutar.
En un momento en el que muchos restaurantes buscan impresionar con montajes espectaculares o ingredientes extravagantes, Trillo apuesta por algo mucho más difícil de conseguir: la consistencia. Buena cocina, excelente servicio, precios honestos para la calidad que ofrece y una hospitalidad que se siente genuina. Porque la verdadera alta cocina no siempre está en la complejidad de un plato, sino en la capacidad de hacer sentir bien a quien se sienta a la mesa.
Así pues, queridos amantes del buen comer, si buscan un restaurante donde el sabor, la técnica y la calidez caminen de la mano, permitan que Trillo los reciba. Hay lugares donde uno va a comer; y hay otros, como este, donde además de comer bien, uno se siente bienvenido.
¡Buen provecho!
Amante del Buen Comer