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Otras historias

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Global miércoles 24 de junio de 2020 - 02:20

Chile da luz verde al último adiós
En todo el mundo, la necesidad de frenar la propagación del virus ha impedido que los pacientes puedan ver a sus familias al final de sus vidas. Una de las mayores crueldades de la pandemia que ha dejado casi medio millón de muertos en el mundo es que muchas personas han fallecido solas, apenas con la suerte de despedirse a través de una pantalla de tablet o celular. Sin embargo, los jefes médicos del Hospital Clínico de la Universidad de Chile en Santiago decidieron permitir visitas familiares y, siempre que sea posible, crear un espacio para una despedida al final de sus días. Los visitantes son examinados para detectar el coronavirus y reciben el mismo equipo de protección utilizado por los médicos, antes de ser guiados a las salas de vidrio selladas donde se alojan los pacientes con Covid-19. América Latina es ahora el epicentro de la pandemia y Chile es una de las naciones más afectadas, con varios miles de casos diarios y más de 4,500 muertes confirmadas.

Paramédicos motorizados salvan vidas en Caracas
Una ONG de paramédicos motorizados atiende accidentes viales en Caracas frente a la saturación de hospitales. Los “Ángeles de las vías”, como se hacen llamar estos doce paramédicos, atienden gratuitamente emergencias en la capital de Venezuela. Con bolsos naranja de unos 15 kilos, llenos de donaciones privadas, los “ángeles” se turnan en guardias de 8 de la mañana a 8 de la noche en una plaza del este de Caracas. No se dedican a la atención de casos del nuevo coronavirus, centralizada por el gobierno, pero corren “alto riesgo de contagio”, reconoce Zully, una morena de larga cabellera negra. Por ello usan mascarillas N95, pantallas protectoras, lentes, antibacterial y guantes y también llevan tapabocas para los lesionados. “Uno siente miedo”, pero “no vas a parar de hacer tu trabajo”, afirma.

Golpea pandemia a restaurantes
En una economía que acumula dos años de recesión y luego de tres meses de confinamiento obligatorio contra el coronavirus, numerosos comercios en Buenos Aires rematan muebles e implementos, convencidos de que ya no podrán volver a abrir. “Tomé la decisión de rematar las instalaciones y con el capital que entra por su venta pagarle al personal y desprenderme de la actividad. La cuarentena me dio tiempo para hacer el duelo y hoy me siento muy aliviado”, asegura Ricardo Klausner, a la puerta de su restaurante Latekla. Copas, platos, sillas, e incluso una máquina industrial de amasar van saliendo del local que durante 26 años funcionó en el centro de Buenos Aires y que empleaba a siete personas. Según un estudio de la Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires (Fecoba), al menos 18% de los 110,000 negocios de la capital ha cerrado desde que comenzó la pandemia.

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A/CR

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