La relación entre México y Estados Unidos es una de las relaciones más complejas a nivel internacional por su asimetría en todos los rubros (económicos, militares, seguridad, etc.) diferencias que se han profundizado en los últimos meses.
La firma del TLCAN hace más de treinta años y su actualización hace diez, ha sido la piedra angular de la economía mexicana de las últimas décadas. Poner en peligro esta relación comercial en la que hay más de 600 mil millones de dólares de capital estadounidense invertidos en México debe ser considerado como una prioridad nacional económica, no sólo desde el punto de vista económico, sino también de Seguridad Nacional. Las empresas extranjeras que vienen a México, en buena medida lo hacen por el acceso preferente y la localización de nuestro país al mercado global más apetitoso del mundo. Esta relación-integración comercial de Norteamérica, que se daba por descontada, hoy vive una de sus etapas más complejas.
A nuestro vecino le preocupa y ocupa la cantidad de crímenes que suceden en México. Nosotros hemos normalizado la comisión de 30 millones de delitos al año. Tampoco es novedad que todos los días un policía o un militar sean asesinados, que 10 mujeres sean asesinadas por serlo. Así, al menos ochenta personas son asesinadas cotidianamente, muchas de ellas en masacres propias de películas de terror o crímenes que podrían ser considerados de lesa humanidad. La mayoría de estos crímenes son perpetrados por las organizaciones criminales que tienen el control de diversos municipios y estados de nuestro país.
Pareciera que nuestros gobiernos se han acostumbrado, en su mayoría, a administrar y beneficiarse de esta dinámica de violencia; recibiendo su dinero y entregando a la población a su suerte. Por ello nadie pone una demanda penal en estados como Guerrero, Michoacán o Sinaloa.
Si México desea recuperar la senda del crecimiento económico, que es un requisito indispensable para que las personas puedan tener mejores ingresos y una mejor calidad de vida, es indispensable que nuestro país reformule su política de Estado respecto al crimen. No es cosa menor que seis de nuestros grupos criminales sean considerados organizaciones terroristas por el gobierno de EE.UU., y nuestras estrategias de seguridad pública y prevención de la violencia, publicadas en la semana pasada, pareciera que las cosas siguen igual que en 2024.
Para México todo cambió con la nuevo gobierno de Trump. Toda política de este gobierno debió reformularse a partir de este hecho. Esto es realismo, pragmatismo, “realpolitik”, pero pareciera que para muchos el arte de gobernar es solo ganar elecciones, administrar el erario y los mercados ilegales; olvidando que el 70% de nuestra economía depende de EE.UU. o que sin el gas y gasolina de allá, al cuarto día volveríamos a la carretas para movilizarnos.
México necesita estadistas, no personas que sólo vean la coyuntura de los siguientes meses. Necesitamos más sociedad para cambiar el rumbo de nuestro país. Es urgente, necesario e inaplazable.