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En el Senado, Alejandro Armenta preside la Mesa Directiva y Ricardo Monreal sigue como coordinador del Grupo Parlamentario de Morena. Se dice fácil, pero estos dos hechos fueron el resultado de dos intensos e inusitados días. Por primera ocasión, los senadores tuvieron que realizar tres votaciones para elegir al Presidente de su mesa directiva y por primera ocasión, un coordinador de un grupo parlamentario fue propuesto por otros grupos para presidir la Mesa.
La política es comedia. Lo ocurrido en el Senado la semana pasada así lo demuestra. Los medios de comunicación y las redes sociales dieron cuenta de los pleitos, amarres perros, traiciones y acuerdos, que provocaron estos resultados. Dediquemos unas líneas a las consecuencias para los protagonistas, bajo el convencimiento de que en política nadie gana todo, pero tampoco nadie pierde todo.
Alejandro Armenta es el principal ganador. Por fin logró el cargo que deseaba desde principio de la anterior legislatura. Por un año, tendrá una excelente plataforma para promover su imagen y cimentar sus aspiraciones para ser gobernador de Puebla. Su destino quedó atado al de Monreal. No es bien visto por al menos 26 integrantes de su grupo, ni por los otros grupos parlamentarios, ni por el Gabinete, ni por AMLO.
Ricardo Monreal fortalece su poder. Se convierte en el señor de los acuerdos y la controversia. Entendió los terrenos que pisaba y lidió bien las embestidas, pero no salió ileso. Su poder campea en el Senado, pero disminuye fuera de éste. Se confrontó con el Presidente y quedo mal con la oposición, con la que construyó un acuerdo para que él presidiera el Senado, pero no dio el paso fuera de Morena. Calentó el agua, no se metió a bañar.
Dante Delgado fue el fiel de la balanza. Su papel fue clave para que Armenta ganará la presidencia de la mesa directiva, con lo cual se consolida como un aliado estratégico para Monreal.
José Narro resultó electo secretario de la Mesa Directiva. Obvio, no logró su objetivo de llegar a la Presidencia, pero su presencia en Morena y AMLO aumentó. Se disciplinó a la línea que bajó de Palacio Nacional y su influencia aumentó entre los senadores de Morena contrarios a Monreal.
Higinio Martínez acumuló dos descalabros. No entendió las señales y se desgastó de más en la contienda por la candidatura de Morena en el Edomex y se encaprichó en presidir el Senado. Sigue siendo un factor importante en la estructura mexiquense.
Es falso que AMLO haya perdido a su alfil en el Senado. Desde hace tiempo, Monreal dejó de estar en la órbita presidencial. No negociará. La instrucción es clara: que haga lo que quiera.
La política es de bronce.
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