Hay muchas ciudades que reflejan con toda su crudeza el fracaso del Estado mexicano en una de sus tareas esenciales, la seguridad. Una de estas ciudades es Salamanca, Guanajuato.
El fin de semana pasado nos recordó la bola de mentiras que el miserable que nos gobernó entre diciembre de 2018 y septiembre de 2024 repitió una y otra vez y con ello llevó al país, entre otras cosas, al mayor baño de sangre de su historia.
"Ya no hay masacres, se acabaron", decía este sinvergüenza que todavía pretende hacerse pasar como "el mejor presidente de la historia", su cinismo no tiene límites, pero como diría mi abuela: "la culpa no es del indio, sino del que lo hace compadre".
Por un trabajo periodístico de mi oficio como independiente, en el año 2019 tuve la necesidad de estar en esa ciudad durante dos semanas, alguna vez siendo muy pequeño recuerdo que mi madre nos llevó a Salamanca por unas horas antes de llegar a su pueblo de orígen, Dolores Hidalgo, Guanajuato.
Debo reconocer antes que nada la protección de las autoridades de entonces, quienes pusieron a nuestra disposición (éramos dos periodistas independientes), una camioneta del municipio y dos trabajadores, nos dijeron que para desplazarnos con más eficiencia, yo más bien creo que fue para protegernos, y se los agradezco porque es muy probable que quizás la historia sería diferente.
No bien habíamos llegado a la ciudad, el chofer del taxi que nos trasladó de la central camionera al hotel no disimuló su papel, casi nos preguntaba incluso dónde y a qué hora habíamos nacido, sin ser grosero nos empezó a platicar sobre lo que pasaba en la ciudad y cómo a los "metiches" les iba mal, nos dijo.
Cuando nos dejó en el hotel no olvidaré su despedida "anden con cuidado, vamos a estar muy atentos", señaló.
Prácticamente todos los taxis de la ciudad son gente del cártel, que para entonces empezaba a sonar en la entidad con cada vez mayor fuerza, igual que su líder. Cartel de Santa Rosa de Lima, "el Marro".
Los días siguientes en los lugares a donde nos llevaban los trabajadores del municipio, un carro, alguna camioneta, o ambos, nos seguían, era notorio, no era necesario ser experto en tareas policíacas para darse cuenta.
Una ocasión tuvimos que ir a una de las instalaciones de la refinería de Salamanca, entonces llegaron dos camionetas, una con logotipo de Pemex, la otra totalmente particular, de la camioneta de Pemex se bajaron dos sujetos, no eran mal encarados, sino lo que le seguía, en la camioneta particular se mantuvieron los cuatro sujetos que iban a bordo. Pocas veces he sentido tanto miedo como ese día
Después de que algo les dijeron, quienes nos trasladaban regresaron con nosotros y nos llevaron al hotel, nos dijeron que ya no saliéramos de ahí.
Los dos días siguientes fueron casi de encierro total, el día previo a nuestra salida dejaron dos ejecutados justo atrás del hotel donde nos hospedamos.
De regreso a la central camionera extrañamente los trabajadores del municipio nos dijeron que no nos podían llevar, que tomáramos un taxi.
Apenas salimos del hotel y como por arte de magia apareció un taxi
En el trayecto prácticamente nos amenazó, nos señaló que en ese taxi en el que íbamos ya habían secuestrado a unos y los habían ejecutado, nos dijo que toda la ciudad era del Marro, y que pronto se iba a volver una leyenda nacional.
Confirmó lo que todos saben, que todos los taxis son del Cártel, que todos los negocios del tamaño que sea pagan cuota al cártel, que las autoridades del municipio o están con ellos o se hacen de la vista gorda o se atienen a las consecuencias. Que en Salamanca mandaba y manda desde entonces el Cártel de Santa Rosa de Lima y "el Marro', donde quiera que esté.
Llegamos a la central camionera, por un momento pensé que nunca íbamos a llegar, que ese sujeto tenía la encomienda de llevarnos quién sabe a dónde y con quién.
Al llegar simplemente nos dijo un "se salvaron" y nos cobró.
De eso hace ya casi siete años, el Marro se volvió una leyenda nacional del crimen organizado, con la diferencia que hoy despacha desde la cárcel, quizás más cómodamente
¿Y Salamanca?, ¿Y Guanajuato?, ¿Y México?, ah sí todo bien gracias. Hoy vivimos una maravillosa transformación, el pueblo está feliz, feliz, feliz, no nos va bien ni muy bien, sino requetebién.
No importa que de vez en cuando algunos de esos que perdieron sus privilegios se vuelva locos y se les ocurra organizar una masacres, esas que el "divino creador" decretó que bastaba su santísima presencia para que dejaran de existir. México, Estado fracasado.