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Si los niños votaran…

Si los niños votaran…

Columnas jueves 13 de mayo de 2021 - 01:00

“No hay pensamientos peligrosos; el pensamiento es peligroso” Hannah Arendt

Hace apenas unas semanas el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) presentó el Índice de Rezago Social (IRS) 2020, a nivel entidad federativa, municipio o localidad.

Si bien no es un análisis sobre la pobreza, el IRS pondera indicadores de educación, acceso a servicios de salud, calidad y espacios de vivienda, básicos y los activos en el hogar, que entre más puntos tengan mayor rezago indican.

De ahí su importancia, pues nos permite tener un antes y un después de lo que ha venido sucediendo en los últimos años en cada uno de los gobiernos y regiones, pero particularmente, lo que sucede en nuestro entorno inmediato tanto en alcaldías como en municipios.

Si bien la Ciudad de México sale bien evaluada (3.7) en el ISR general, y por debajo de la media nacional, que es de 4.8; llama poderosamente la atención que al desglosar el IRS 2020 por indicador, por ejemplo, “Población de 6 a 14 años que no asiste a la escuela”, es posible advertir fuertes retrocesos en la Ciudad a partir de 2015.

Así, en este indicador la media nacional se encuentra en 6.1, y la Ciudad se encuentra justo abajo, con un 5.2. Siendo las entidades federativas peor evaluadas: Chiapas, que se ubica en un 10.5, seguidos de Michoacán con un 8.0 y Guanajuato y Jalisco, empatados, con un 7.0

Lo curioso de este dato es que, si uno lo visualiza a nivel alcaldía, es posible asegurar que en los últimos seis años existen demarcaciones que han pasado de tener un rezago bajo, a un rezago exponencial superior a la media.

Por ejemplo, las Alcaldías Cuauhtémoc y Cuajimalpa hoy se ubican en el penoso indicador de 6.2, seguido de la alcaldía Benito Juárez 5.9, y Álvaro Obregón en empate con Venustiano Carranza con un 5.8.

Para decirlo con otras palabras, antes de 2015 prácticamente todas estas alcaldías estaban por debajo de un 2.2 en este indicador. Sin embargo, en tan solo cinco años algo no funcionó o no está funcionando en estas demarcaciones que se triplicó la población de niñas y niños que no asisten a la escuela y que se encuentran dentro de un rango de edad entre los seis y catorce años.

Con excepción de Chiapas, no es aventurado decir que esta falta de “oportunidades” para la niñez de la Ciudad de México es desesperanzadora y peligrosa, sobre todo si volteamos a ver la “coincidencia” de aquellos estados donde la captación de la infancia para actividades ilícitas coincide directamente con este indicador.

La toma de decisiones en materia de política social, especialmente para analizar la desigualdad de coberturas sociales que subsisten para la niñez en estos territorios, debe corregirse de inmediato.

Razonar el voto es una responsabilidad que también exige voltear a ver a quienes aún no votan. La infancia es una población que exige respuestas y oportunidades urgentes.

Fanatismos electorales

Es muy peligroso amar a un jefe, pero es más peligroso adorarlo. No importa si tiene o no cualidades. Cuando uno adora a un jefe, colocamos nuestras debilidades, fragilidades y esperanzas en las manos de alguien más, donde lo único que es posible esperar, es su buena voluntad para complacer nuestra cegada esperanza.

Frente al proceso electoral más grande de la historia del país, es necesario decirlo hasta el cansancio. La democracia la construimos todos, por lo tanto, la democracia es perecedera y su sobrevivencia depende de nosotros mismos. De nuestras actitudes, compromisos, responsabilidades y de la forma en la que decidimos.

De ahí que razonar el voto es el primer compromiso que como ciudadanía tenemos. Es el primer paso para enfrentar a los fanatismos de todo tipo. Si no se vota razonadamente, es imposible derrotar a las actitudes provocadas por el amor al líder.

La historia nos ha advertido con bastante tiempo de anticipación que las autoridades carismáticas se fundan sobre la percepción de las masas; a través del heroísmo de un jefe para después construir un amor hacia su persona utilizando para ello el resentimiento como una forma de popularidad, pues enarbola un descontento social generalizado que atiza criticando severamente la forma de vida y de la corrupción de las élites, del pasado (cfr. H. Arendt).

Lamentablemente, la historia también nos ha advertido que cuando se vota por las pasiones, la democracia se obscurece para todas y todos.

Vladimir Juárez. Analista Político. Colaborador de Integridad Ciudadana A.C. @Integridad_AC @VJ1204

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