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Columnas
Retomo el comentario sobre la antología de ensayos de Alberto Hirschman (1915-2012) publicada por el Fondo de Cultura Económica, compilada y comentada por el gran José Woldenberg. Para mayor claridad, cito a éste último en la Introducción: “…Hirschman fue… un economista preocupado por los temas del desarrollo. Pero fue algo más que eso… un ensayista magistral… ayudar al lector a incursionar en terrenos inaugurados por nuestro autor más allá de los temas del crecimiento…”.
Dos de esos son la participación política y el ejercicio concreto del derecho al sufragio. Sobre ambos, Hirschman ofrece nuevas ópticas. Para mí, gracias a Woldenberg y su tino para la compilación y la explicación, son descubrimientos interesantísimos que hay que comentar.
Sobre la participación política, Hirschman escribió en 1970 Salida, Voz y Lealtad. Respuestas al deterioro de empresas, organizaciones y Estados. Como bien lo reseña el Ex Presidente del IFE, el propio autor revisó sus argumentos en 1986 y en 1995, ampliándolos y profundizándolos con algunos ajustes, en un muy excepcional trabajo de auto corrección, pero la verdad es que el texto original tuvo un gran impacto, por la enorme innovación de considerar a la voz y a la salida como manifestaciones particulares del interés o desinterés ciudadano en los asuntos públicos.
Dice Woldenberg que la salida era el abandono, la huida, mientras que la voz era la queja, la denuncia y que ambas funcionaban igual en la economía que en la política.
En efecto, el libro propuso novedosas herramientas conceptuales para estudiar de otra manera instituciones privadas tan disímbolas como la familia, el matrimonio, el divorcio, el desarrollo adolescente o una congregación religiosa, pero también para analizar fenómenos públicos específicos como las relaciones entre partidos, la disidencia política, la gesta sindical o la prestación de servicios públicos.
Al explicarse, el mismo Hirschman afirmó que había pergeñado su texto con la idea de explorar de qué manera la voz y la salida podían conducir a restablecer o fortalecer una organización en deterioro regresándola “a una salud y actuación tolerables”. El modelo, acierta de nuevo Woldenberg, ahora servía para desentrañar las claves del desplome de un Estado.
El economista experto en temas del desarrollo se adelantó por décadas a textos actuales como Orden político y deterioro político, de Fukuyama, y Porqué fracasan los países, de Acemoglu y Robinson, que exploran la vertiente del deterioro de la organización estatal desde prismas muy similares a las de Hirschman, aunque casi medio siglo después.
La antología entera es de lectura obligada por su insospechada actualidad conceptual y relevancia política. En este proceloso océano de contradicciones políticas, que van de la indignación social a la apatía ciudadana, asomarnos a las claves de la deslegimitación del mecanismo electoral como eje central del proceso democrático, y qué hacer para restablecerlo o fortalecerlo, es deber de propios y extraños.
@ElConsultor2
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