Durante la Semana Santa, fechas como el Miércoles de Ceniza, Jueves Santo y Viernes Santo se caracterizan por la abstinencia de carnes rojas en la dieta de los creyentes. En México, esta práctica se acompaña de una amplia variedad de recetas tradicionales que forman parte de la gastronomía de la temporada.
Entre los platillos más representativos se encuentran los romeritos, preparados con mole poblano, chile, pan y chocolate, acompañados de tortitas de camarón seco o de atún. También destaca el agua de ensalada, una bebida refrescante elaborada con frutas como manzana, plátano, melón, sandía, fresa y papaya, mezcladas con lechuga en agua azucarada.
El consumo de pescado es otro elemento esencial en la cuaresma. Se prepara en sopas de mariscos, caldos de pescado o en tacos, además de recetas como tostadas de camarón al aguachile, filete de pescado relleno de mariscos y camarones empanizados en coco.
Como postre, la capirotada ocupa un lugar especial en las mesas mexicanas. Este dulce se elabora con capas de pan y atole de fécula de maíz con sabor a vainilla, cocido con canela y acompañado de nueces, pasas, piñones, almendras o frutas cristalizadas. En algunas regiones, la receta se adapta utilizando piloncillo en lugar de fécula de maíz, lo que le da un sabor más intenso.
Estas preparaciones no solo cumplen con la tradición religiosa, sino que también reflejan la riqueza cultural y gastronómica de México durante la Semana Santa.